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¿Te has enterado? Cotillas a la vista

Publicado por María Gómez

Recuerda la última vez que chismorreaste. Probablemente, no habrán pasado más de veinticuatro horas desde que cotilleaste con alguien sobre alguien. Algunas personas son profesionales del medio y fuente inagotable de…¿curiosidad? Lo cierto es que es una conducta inherente al ser humano, solo que hay personas que, simplemente, no tienen tiempo de ponerse a husmear en las vidas ajenas.

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Al hablar de cotilleo, siempre nos vienen a la cabeza mujeres de mediana edad en corrillo comentando la vida de las vecinas, las amigas, las cuñadas, o las arañas que pasean alrededor de ellas. El período adolescente también es proclive a esta conducta. Es una época en la que la rumorología es una asignatura oculta en la vida del instituto. Y como información valiosa, os avanzamos que los hombres también husmean en vida ajena porque les gusta. Es posible que las formas difieran pero el fondo es exactamente el mismo.

Normalmente, la connotación asociada a esta actividad es negativa, pero ahora vienen las buenas noticias. Se ha descubierto que cotillear es beneficioso para la salud. Algunos de vosotros ya os estaréis frotando las manos. Bien, pues si además estáis pasando una temporada estresante, esta ocupación reducirá vuestras tensiones. Además, promueve la eliminación de conductas indeseables puesto que se es consciente de que serán puestas a juicio en el entorno más cercano y a nivel social en caso de que se haga eco algún medio de comunicación.

A nivel terapeútico, se ha comprobado que publicar los malos comportamientos de alguien, disminuye la frecuencia cardíaca de quien transmite la información mientra que aumentaría en caso de no poder hacerlo. Si a esto le sumamos el efecto de desconexión de nuestros propios problemas, pues podemos concluir que nos proporciona cierto bienestar, aunque sea temporal.

En relación a las consecuencias sobre el cerebro, prestamos más atención al aspecto físico de una persona de la que hemos oído comentarios negativos que al de un individuo del que nos han hablado bien. Así es el ser humano de extravagante.

Sin embargo, no debemos confundir hablar de los malos comportamientos de alguien con hablar mal de alguien. Sobre todo, si se trata de comentarios malintencionados fruto de la envidia, la baja autoestima o con el objeto de intimidar, desprestigiar o herir la sensibilidad de alguien. Entonces, los chismes se vuelven en contra de la persona que refleja una imagen de maldad y será rechazada por los demás ya que acabará provocando una gran desconfianza.

Como conclusión, nos proponemos dejar claro que, en general, los rumores, los chismes, los cotilleos o las habladadurías suelen ser peligrosos por el escaso control acerca de la veracidad y fiabilidad de las informaciones que se transmiten de persona a persona. Con frecuencia, tendemos a añadir detalles que aportan misterio o agrandan el impacto en los demás pero que son falsos o inexistentes. Por contra, los daños morales que pueden ocasionar son importantes llegando a afectar emocionalmente a la persona criticada.

Así que piénsatelo dos veces antes de ponerte a murmurar sobre alguien. Elige bien tus compañeros de cotilleo porque si no corres el riesgo de que el efecto boomerang vuelva en tu contra esos comentarios tan chispeantes acerca de la vida marital de esa pareja de famosos que sale en la televisión.

 

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