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El Error desde el punto de vista psicológico.

Publicado por María Fay

El error como tal es un término que se ha considerado aún más negativo desde el desarrollo científico.

La ciencia sin embargo, crece en base a sus errores.

La humanidad en su totalidad ha visto su evolución en base a sus errores.

Evitar el error a todo costo es la intención fundamental de las personalidades obsesivas. Y muchas veces es la expectativa social por excelencia. 

El exceso en la planificación y en la previsión, buscan de manera general garantizar el menor porcentaje de error, fracaso o conflicto. Pretendiendo sugerir que este tipo de imprevistos o equivocaciones podrían evitarse.

Como ya sabemos, hasta el más exhaustivo análisis impide que podamos garantizar la perfección. De modo que mayores sean los intentos por evadir los errores, mayor será la angustia y la dificultad de afrontarlos cuando lleguen.

De este modo, ser flexible y adaptarse a las adversidades es una de las facultades más complejas del ser humano, función que permite, además, la evolución y el desarrollo.

Darwin decía que la especie que sobrevive es aquella que mejor responde al cambio. Este es por excelencia el factor que posibilita que sigamos evolucionando a través del tiempo.

El error tiene relación con el cambio. Muchas veces se consideran errores, en realidad a respuestas o acontecimientos que se salen de lo que esperábamos, es decir, de aquello a lo que estábamos acostumbrados.

El error, es diferente, y en general, representa un cambio. El cambio, implica un riesgo, y como tal, por porvocarnos miedo, se intenta muchas veces evitar.

Desde la concepción moralista, el error es considerado un concepto negativo, cuestionable, y  el ser humano debe erradicarlo.

Así, desde muchas perspectivas religiosas, los “malos comportamientos o pensamientos”, deben ser confesados, depurados, perdonados, para poder permanecer en un estado de completa pureza.

Estos extremos no existen de manera radical. Todas las personas tenemos comportamientos diversos: la bondad y la maldad, conviven en todos nosotros y es correcto que así sea.

El amor-Odio descripto por Freud nos pone en conocimiento de energías libidinales que coexisten dentro del sujeto.

Aceptarlas a ambas es una manera de poder concebir la total complejidad de la psiquis del ser humano.

Desde el punto de vista Junguiano, todas las personas somos Luz y Sombra, esto significa que debemos integrar ambos aspectos, no pretendiendo depurar u olvidar aquellos considerados negativos.

Esta actitud de ser sólo aquello que es valorado socialmente o lo considerado “bueno”, corresponde también a un requerimiento de la instancia Superyoica, que nos impulsa a comportarnos en concordancia con el deber ser.

Esta instancia psíquica, herdera de la autoridad parental del complejo de Edipo, nos demanda cumplir con estereotipos y apartar todo aquello que se considere un fracaso, un error, un comportamiento o sentimiento “malo» o negativo.

Sabemos bien, que esta instancia, al decir de Freud: “hunde sus raíces en el ello”, motivo por el cual, es en su trasfondo Inconciente, exigiendo por momentos excesiva renuncia y mostrando su esencia sádica y despiadada.

De modo, que incluso la instancia psíquica que representa el deber, también esta formada por impulsos inconcientes que serían cuestionados desde esa estricta postura.

Absolutamente todo lo perteneciente a la psiquis humana esta imbrincado con ambos impulsos.

Así, aprehender la esencia del ser humano mediante las integración nos llevara a un entendimiento más completo y profundo.

El error, la equivocación, el fracaso, la crisis, el caos, nos permiten superarnos, cumplir ciclos y dar inicio a nuevas metas y proyectos.

El conocimiento que formemos en estos momentos es clave para el desarrollo de cada uno y para el replanteo acerca de lo que realmente deseamos.

Si esto no ocurre, muchas veces los sucesos de la vida se desarrollan a modo de inercia, sin que tengamos que detenernos a pensar, ni a indagar sobre cuestiones más profundas.

La tolerancia a la frustración y el sostenimiento de estas etapas de crisis, nos posibilitan la transformación y la redefinición de muchos intereses e ideas, que venían subsistiendo a veces sin sustento.

Los errores o fracasos nos marcan el camino a seguir, nos muestran  lo que es realmente necesario para perseguir nuestro deseo y nos permite evaluar si eso seguíamos o simplemente obedecíamos a un mandato.

Son instancias que nos acercan a un estado de mayor madurez y, en el mejor de los casos, a la afirmación del propio deseo.

 

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