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El contacto con la naturaleza y su efecto psicológico.

Publicado por María Fay

Frecuentemente, para los que vivimos en la ciudad, el día a día se transforma en una seguidilla interminable de ocupaciones.

El ritmo acelerado de trabajo y de las personas que nos rodean nos mantiene inmersos en un clima de ansiedad y preocupación, a veces de manera imperceptible.

Cada vez en mayor medida debemos recurrir a distintas estrategias para poder relajarnos. Esto, de hecho, se ha transformado en una búsqueda primordial en Occidente en los últimos años.

¿Qué actividad hacer para relajarnos?: el yoga y la meditación crecen como práctica a pasos agigantados.

Paralelamente, sin embargo, también crece el consumo de medicación psiquiátrica: ansiolíticos o antidepresivos que la gente consume demasiado a menudo, para lograr la relajación buscada.

En el mundo actual, el crecimiento de síntomas de ansiedad, del denominado trastorno de pánico, entre otros, tiene una incidencia sorprendente.

Estar cerca de la naturaleza nos conecta con aquello que nos trasciende y, a pesar del efecto que esto pueda provocar en cada persona particularmente, en general siempre podremos encontrar un contexto natural que nos tranquilice.

La naturaleza tiene un efecto relajante de por sí, y por muchas razones. En primer lugar, los ciclos de la naturaleza tienen un orden: un principio y un final, que nos transmite la idea de aquello que ocurre y va a seguir ocurriendo por fuera de nuestra intervención.

Hay algo de la constancia y repetición de los movimientos en el contexto natural, que nos brinda un entorno de contención.

Las olas del mar que siempre llegan o la caída de una cascada, por ejemplo, al ser observadas detenidamente, y si nos predisponemos a dejarnos llevar por esa observación, el efecto es, con frecuencia, el de permanecer ante ese escenario.

Al igual que los niños pequeños, que piden que le cuenten la misma historia una y otra vez. De la misma manera, la repetición produce, en ciertos contextos, la tranquilidad de que lo que esperamos que pase, pasará. Anula por un momento, la incertidumbre propia de la vida humana.

Anteriormente, el recurso de viajar a un escenario natural para curar enfermedades era muy común, y los médicos lo recomendaban a sus pacientes muy a menudo.

Luego, y con el desarrollo de los medicamentos, este recurso se fue debilitando.

Mas allá de que no se pretende sugerir que cuestiones de gravedad o que requieran medicación se puedan resolver simplemente en contacto con la naturaleza, sí sería interesante seguir conservando ese recurso terapéutico.

La necesidad de producir un quiebre en la cotidianeidad vinculada a la ciudad y sus tiempos, es prácticamente central en la sociedad actual.

Para Jung, la naturaleza nos conecta con nuestros antepasados, con lo colectivo y las experiencias asociadas a nuestra herencia.

Es fundamental para poder vincularnos con aquello que nos excede como individuos.

Jung le otorgaba una importancia central a las experiencias en contextos de naturaleza e incluso hacía hincapié en la energía de los objetos presentes en ella y en los escenarios que podemos transitar.

La observación de los paisajes que la naturaleza nos brinda nos permite recuperar el asombro y la contemplación.

La belleza y complejidad de los escenarios naturales nos permite entender que somos parte de algo mucho mayor y en estos momentos, nuestros problemas y vicisitudes de la cotidianeidad pierden fuerza.

Inmiscuirnos en este acto observador nos ayuda a abstraernos y retornar a la simpleza. Distinguir los detalles, los colores de lo que vemos, los sonidos, el comportamiento de los animales, el viento o la temperatura. Cuestiones que no pueden ser atendidas con todos los estímulos del mundo moderno.

El recurso de atender a lo sensorial, ayuda a frenar el fluir de pensamientos y produce un efecto tranquilizador.

Nos posibilita disminuir el protagonismo de lo racional para dar lugar a que acontezcan otras experiencias, asociadas a la sensación y a la intuición, por ejemplo, tan importantes y muy frecuentemente dejadas a un lado.

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