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Cuantos menos, mejor: efecto espectador

Publicado por María Gómez

Por diversas circunstancias, todos nos hemos encontrado en algún lugar que nos parece hostil de alguna manera, advertir que el flujo de personas es aceptable nos reconforta al instante. Nos hace sentir más seguros. Pues siento comunicar al lector que la realidad es justo al contrario. Resulta paradójico que cuando más personas nos rodeen y observen cómo sufrimos un abuso o agresión, menos probabilidades habrán de que nos proteja siquiera una de ellas. Ésto se conoce como efecto espectador, ya que ante una situación dada, las personas que la presencian se limitan a actuar como auditorio, espectadores como si de una escena de la película se tratara.

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Así que, parece que tendrás más suerte si sólo una persona o un número reducido de ellas presencian algún altercado en el que te veas envuelto. Como consecuencia de este efecto, las conductas altruistas mediante las que los seres humanos se ayudan entre sí desinteresadamente,  se inhiben. La presencia de varias personas disminuye la motivación por ayudar porque asumimos que habrá alguna persona que se ocupe de ello. En cierta manera, se diluye la responsabilidad puesto que se reparte entre más personas. A nivel psicológico, esta creencia es bastante reconfortante y elimina en sentido de la culpabilidad por no ayudar cuando alguien lo necesita.

Otro proceso implicado sería aquel por el cual pensamos que si nadie hace nada es porque en realidad no será tan grave lo que ocurre bajo sus miradas. Sin embargo, todos los individuos están teniendo el mismo pensamiento aunque su instinto les indica que deberían actuar. Otras veces somos tan simples y cretinos que lo que más nos preocupa es la valoración que harán los presentes de nuestra actuación al ayudar ya que estarán observándonos y nos preocupa hacer el ridículo.

El factor coste también suele ser recurrente para evadirse de prestar ayuda. Si pararnos a ayudar a alguien supone que  lleguemos tarde a una cita importante, casi con total seguridad no lo haremos. En ocasiones, dar el paso depende de la percepción que tengamos de cómo afectará a nuestro plano emocional. Es decir, si pensamos que el episodio que presenciamos nos influirá negativamente por hacernos rememorar algo muy doloroso, no actuaremos. Sí lo haremos en caso de que nos reporte algún tipo de alivio o desahogo, como si de un bálsamo reparador se tratara. Por tanto, la motivación que nos empuje a ayudar en un momento dado, puede ser la que nos arrastre a huir como si nos persiguiera un tsunami.

Podríamos decir que estar en multitud nos inactiva, lo cual, al mismo tiempo nos vuelve más vulnerables porque también los demás se inactivarán en caso de seamos nosotros los que requeriramos ayuda.

Afortunadamente, siempre hay personas que rompen estadísticas y rompen con fenómenos psicológicos como éste y se lanzan sin dudar a socorrer a quien esté en riesgo o en peligro. Recuerda cuando te encuentres en una circunstancia similar que te puede pasar a ti, a tu padre, hermana, hijos y que, con total seguridad, te gustaría que hubiera otra persona que no dudara en apoyar, defender o asistir a tu ser querido.

 

 

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