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El sesgo de autoservicio a mi servicio

Publicado por María Gómez

Quién no llegó a casa una tarde después de haber recibido un suspenso en el colegio y les comunicó a sus padres, con gran convencimiento. que el profesor le había suspendido porque le tenía manía. A lo mejor, incluso te has anticipado a un fracaso o fallo y te has apresurado a achacarlo a cualquier agente externo o situacional antes de que se haya producido el acontecimiento. Atribuir nuestro fracasos a factores externos suele disminuir nuestra sensación de ineficacia y nuestra autoestima no se verá demasiado afectada. La necesidad de preservar el yo de daños y perjuicios se repite una y otra vez.

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Igualmente, cuando nos sentimos extremadamente responsables de nuestros éxitos gracias a nuestros esfuerzos, nos resulta muy fácil correlacionar triunfo y trabajo o capacidades. En otras palabras, realizamos una atribución interna sobre nuestros éxitos. A esta distorsión se le conoce como sesgo de autoservicio.

La ventaja está clara: es mucho más agradable percibirse a uno mismo de manera favorable que tomar conciencia de las debilidades para trabajar en aras de mejorarlas sustancialmente. Es la eterna pereza del ser humano por enfrentarse a su lado más inseguro.

También echamos mano de este sesgo cuando nos encontramos con información confusa sobre algún tema concreto. Entonces, solemos interpretarla de manera que se ajuste lo máximo posible a nuestro enfoque, confirmando de nuevo nuestro pensamiento. Cómo nos gusta barrer para casa y para que nuestros intereses se vean confirmados cosntantemente. Si analizas con un poco de detalle el mundo de la política, encontraras ejemplos abundantes de este hecho sin que tengas que buscar demasiado.

En el trabajo en equipo, casi siempre hay uno de sus miembros que hace ostentación pública de que es el que más contribuye al éxito grupal. Normalmente, las personas que tienen tiempo de ir pregonando sus valías y capacidades no son muy productivas. Cuando uno está realmente ocupado en una tarea, no piensa en airear su trabajo porque simplemente no le interesa.

Por tanto, no se trata más que de otra rama del árbol del egoísmo humano de querer autoprotegerse o destacar sobre los demás en lugar de usar esa energía para superarse a sí mismo. Sin embargo, no somos tan benévolos con los demás, ¿verdad? Ellos triunfan gracias a las circunstancias y fracasan por su falta de habilidades. En nuestro fuero interno, nos susurramos que somos mejores que el de al lado, que habríamos hecho las cosas mejor, o que nuestro planteamiento de la situación habría sido más certero. La realidad es tan diversa como los ojos desde los cuales se observa.

Cognitivamente, es más asequible fijarse en nuestros actos que observar los de otro, por eso tendremos siempre más información ventajosa para nosotros. A nivel motivacional, está clara la tendencia a alimentar nuestro ego, incluso inconscientemente. Un alto autoconcepto, aunque sea engañoso, posibilita que nos creamos dignos de éxitos y logros porque nuestras capacidades y habilidades son lo suficientemente competentes para ello.

En el ser humano confluyen paralelamente los aspectos cognitivos y motivacionales que dirigen nuestra conducta. No obstante, tenemos también el poder de la información, del saber y utilizarlos para hacer frente a nuestras debilidades. Apúntate al reto.

 

 

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