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La Discapacidad, la Sobreprotección y la Familia

Publicado por Malena

Es un impulso generalizado sobreproteger a un discapacitado.

Las personas son todas diferentes, algunas se destacan por poseer capacidades superiores a la mayoría y otros nacen menos dotados por distintas razones o bien pierden alguna de sus capacidades durante su vida debido a accidentes o enfermedades.

La Discapacidad la Sobreprotección y la Familia

Las familias de personas discapacitadas tienen que adaptarse a la nueva situación tanto para atender las necesidades especiales de estas personas como para ayudarlas a aprovechar al máximo sus capacidades, arbitrando los medios para que puedan aprender, dentro de sus posibilidades, a manejarse solos.

Lo mejor para un discapacitado es integrarlo a la vida familiar y social, tratando de ayudarlo a que se maneje por sus propios medios y no haciendo las cosas que puede hacer solo por él; porque ayudar no es sobreproteger, ayudar consiste en brindarle a la persona la posibilidad de aprender a desenvolverse solo y a conseguir lo que se proponga.

Sin duda un discapacitado demorará más para hacer algo y le dará mucho más trabajo, sin embargo, es imprescindible darle su tiempo para que aprenda a hacerlo y evitar solucionarle el problema para hacer más rápido.

Es indispensable que todo el círculo de influencia familiar conozca esta filosofía y contribuya a su aplicación, porque esta conducta hará que se sienta mejor y ayudará a mejorar su rendimiento mediante la práctica continuada.

Los discapacitados motores adultos deben tener la suficiente libertad como para manejarse con sus sillas de ruedas en la calle, sin compañía, siempre que estén en condiciones de hacerlo. A veces esto resulta difícil de aceptar para su familia, pero la posibilidad de salir solo y moverse por si mismo mejorará su ánimo y ayudará a ampliar su horizonte.

Un no vidente puede trascender su limitación si realiza una buena adaptación que lo puede habilitar para trasladarse a cualquier parte, trabajar o estudiar, permitiéndole la práctica desarrollar mucho más sus otros sentidos. Para esto, la familia deberá confiar en su habilidad para cuidarse solo sin la posibilidad de ver.

Los familiares indirectos, como primos, tíos, cuñados, etc., tienen que incluirlo en las reuniones familiares y brindarle un trato común, sin necesidad de un tratamiento preferencial demasiado visible que los haga sentir diferentes.

Hay una película que puede ayudar a las familias con discapacitados a aprender a tratarlos y a confiar en ellos. Se trata de “Mi pie izquierdo”, una realización europea que describe la historia de un parapléjico que sólo puede mover su pie izquierdo pero que intelectualmente es normal.

Su familia, de clase baja y escasos recursos, lo ayudan a superar su discapacidad tratándolo como uno más, dejando que él desde niño y con su limitada condición, realice las cosas a su modo, sin intervención externa alguna. Los hermanos lo incluían en sus juegos y hasta llegaba a jugar al fútbol con ellos en la posición de arquero.

La posibilidad de aprender a leer y escribir le abre un amplio horizonte a su vida que le permite trascender no sólo su limitación sino además destacarse en el mundo del arte.

Antiguamente, los discapacitados eran ocultados por las familias porque se avergonzaban de ellos. Hoy en día, las cosas han cambiado y la gente ha aprendido a integrarlos con sus discapacidades a la vida normal, pudiendo asistir a instituciones educacionales comunes como alumnos, principalmente con el objetivo de recibir el mismo tipo de estimulación didáctica y social.

Los lesionados cerebrales en muchos casos pueden ser rehabilitados; y aunque no logren un nivel normal, pueden tener una mejor calidad de vida y recuperar parte de sus capacidades como para manejarse con mayor independencia.

El aprendizaje adecuado y la contención familiar pueden realizar el milagro de reintegrar al mundo a una persona cuya limitada condición lo puede condenar a permanecer aislado de por vida debido a su discapacidad.

Cuando la discapacidad no pueda ser atendida por su familia, lo mejor para un discapacitado son los hospitales de día, para evitar que pierdan el contacto familiar cotidiano y permitirle de esa manera participar y permanecer integrado.

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