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Como marionetas con la psicología inversa

Publicado por María Gómez

El ser humano tiende a querer demostrar su carácter, su independencia, su idiosincrasia. No nos suele agradar que nos digan lo que tenemos que hacer y tendemos a hacer lo contrario de lo que se nos pide. Ésto es así desde que somos niños. Si nos piden que no sentemos, nos levantamos. Si nos demandan silencio, gritamos más alto, si cabe. Así somos de tercos. Es lo que se conoce como resistencia psicológica. Tomando esta idea como premisa, todos en algún momento hemos hecho uso de la Psicología inversa y, probablemente, hayamos sido víctima de la misma. Nuestra necesidad de reafirmarnos, de evidenciar nuestra autonomía y de exhibir nuestra liberta son infinitas.

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No obstante, hay personas muy resistentes a este intento de manipulación, así que antes de utilizar esta técnica cerciórate de que tu «víctima» caerá en la trampa. De lo contrario, serás percibido con desconfianza. Normalmente, las personas que quieren destacar y mostrar su lado más rebelde son más propensas a responder a esta técnica. Los adolescentes se dibujan como el mejor público diana para la aplicación de esta herramienta.

Intenta evitar aplicarla si tu interlocutor está pasando por un momento emocional complicado o tiene baja autoestima. Podría acentuarse su malestar y no es éste el objetivo de cualquier método psicológico. Todo lo contrario, siempre busca fines beneficiosos para el individuo.

Es importante elegir el momento en el que usarla será más eficaz. A mayor intensidad emocional, menor control sobre nosotros mismos tenemos y menor capacidad racional. Es entonces cuando seremos más susceptibles de reaccionar a la lucha por poseer el poder de la discusión o conversación, por tanto de caer en las redes del argumento inverso.

En numerosas ocasiones, los motivos de la discusión se van diluyendo en el transcurso de la misma, dando prioridad a las formas en las que se desarrolla. De este modo, con la guardia baja, es cuando la psicología inversa logra sus mayores niveles de persuasión. Por ejemplo, suele funcionar defender con la misma intensidad el argumento contrario al que defendías al inicio. Otra argucia consiste en proporcionar un ambiente de intriga o de ocultación a una indicación pero sin dar explicaciones,para conseguir que se haga lo contrario. Ésto es especialmente efectivo con niños.

Si quieres llevar a alguien a tu terreno, ofrece opciones. Las personas que perciben cierto control ante una elección son más proclives a tomar una de las alternativas que si sólo se les formulan preguntas cerradas con respuesta de sí o no.

Sin embargo, tendrás que andarte con ojo si decides emplear la psicología inversa para lograr cambiar la conducta o la opinión de alguien. Sobre todo en su forma más extrema: el ultimátum. No prometas en balde o lances amenazas al aire sin tener claro que las vas a cumplir hasta el final. Podría volverse en tu contra.

Por último, no olvides valorar el alcance de utilizar esta técnica y los comportamientos posteriores. Ten en cuenta la personalidad de la otra persona para aplicarla y sacar el máximo rendimiento.

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