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El Amor y la Sombra

Publicado por Malena

Todo en esta vida se hace por amor. No existe nada en este mundo que brinde más satisfacción que hacer las cosas por amor; tanto por las cosas que hacemos, por uno mismo, por los demás y por la vida.

El amor mueve al mundo y sin amor sólo existe la muerte, el sufrimiento y la destrucción.

Las cosas más genuinas y valiosas son las que se hacen con alma y vida, actuando sin especular, auténticamente, cuando se disfruta haciéndolas, sin grandes esfuerzos ni tantos elementos, porque lo más importante siempre es sencillo.

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Einstein estaba convencido que la fórmula que podía explicar el universo tenía que ser simple y no compleja y tenía razón, porque los grandes inventos siempre fueron descubiertos por casualidad y surgieron con toda su sencillez cuando el hombre estaba ocupado haciendo otra cosa.

El científico que se dedica a descubrir la verdad lo hace por amor a la humanidad y porque cree en ella.

El instinto de vida es el amor y el instinto de muerte es la depresión; y la tragedia de la vida es tener que debatirse entre esa dualidad aparentemente irreconciliable.

El hombre tiene que enfrentarse a la vida con estos dos impulsos antagónicos que le permitirán madurar, crecer y encontrar la paz interior y la plenitud o que lo pueden llevar a la corrupción y a la muerte.

El destino de los seres humanos es transitar por la vida con su sombra, la que intentará por todos los medios obstaculizarles el camino; y que sólo si actúan conscientemente y la aceptan tal cual es, podrán trascenderla.

El amor a uno mismo significa aprender a aceptarse y a perdonarse dejando de lado la rigidez de las imágenes ideales para dar lugar a la persona que cada uno es, aceptando sus circunstancias y agradeciendo la posibilidad de estar vivo.

Amarse a si mismo es aferrarse a la vida y creer en ella sin esperar demasiado, porque cuanto menos esperamos y más aceptamos los hechos como son, más objetivos logramos.

Las personas que pierden las esperanzas y caen en la depresión no pueden amar, porque están centradas en si mismas y pierden interés en todo y en todos los que la rodean. Tampoco se ama a si misma, por el contrario se odia y desea autodestruirse.

Son los que se sienten fracasados y frustrados, que han vuelto a una etapa narcisista primaria, cuando no podían reconocer a otro más que él mismo.

La persona depresiva absorbe la energía de los demás y contamina todo alrededor con su negatividad.

Cualquier circunstancia externa adversa que le toca vivir es una prueba más de la inutilidad de seguir viviendo y del sin sentido de la vida; y las pérdidas son tragedias de las que nunca se recuperan.

El hombre sabe que es un ser finito, sin embargo se resiste al cambio y a las ausencias, aferrado a su expectativa de un mundo diferente, donde no haya corrupción ni muerte.

El depresivo ve todo negro y no admite los grises; no es capaz de quererse un poco para salir de él mismo, brindarse y permitirse disfrutar de su instinto de vida por medio del amor, aceptando vivir con su sombra.

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