Psicología

Amor cortés

Publicado por Betina Ganim

El «amor cortés» es un fenómeno literario iniciado alrededor del siglo XI y se extiende al XII, XIII y parte del siglo XIV.

Como efecto de una época donde se disuelve el feudalismo, la nobleza caballeresca surge con perfil propio.

Amor Cortes

Aún así, será la cultura caballeresca del alto medioevo la que acentúe sus rasgos particulares, dando origen a una poética occidental donde el tema predominante es el amor.

Pero no se trata de un amor cualquiera, ya que a pesar de haber habido en el período helenístico una literatura romántica, el tratamiento que se le dio a partir del amor cortés, fue inédito: un realzamiento del nuevo ideal del amor y una renovada lírica.

Esta poesía habla de la mujer, de la dama, que tampoco es cualquiera, sino a una sola mujer, única, evanescente, irreal…Lo que se exalta no es una persona sino un ideal. Así, la poesía redunda en vocabulario marcado por la devoción, en el que la adoración se convierte en sinónimo de amor.

El amor cortés, al decir de Lewis, tiene como rasgo peculiar e indefectible el amar lo imposible, lo prohibido, y solo la Dama casada puede ser objeto de amor…

La fidelidad cortés implica no solo la oposición al matrimonio, sino también la insatisfacción sexual; hay un rechazo del «amor físico»;es así que esencialmente adúltero, el amor cortés exalta la idealización o sublimación del deseo sexual, una moral del homenaje y el servicio.

De esta manera, el amor es un mandato que implica la renuncia…, un amor que no tiene un objeto tangible.

Este amor entonces se manifiesta como una «pasión intelectual», cuya búsqueda nor eside en la satisfacción de los sentidos; el amor cortés como tal tiene sus reglas establecidas estrictamente, por lo que encierra una lógica de obstáculos, rodeos, artificios, interrupciones que privan al trovador de su Dama, lo que la marca como objeto de amor inaccesible.

Menéndez Pelaez dice que creer en un ser absoluto, aceptar un código ético y moral, y la retribución son los elementos fundamentales que comparten la religión cristiana con esta «religión del amor cortés».

El trovador no espera nada de la Dama, o tal vez una palabra, una sonrisa…pero nada más.

La cortesía como marca aristocrática del amor cortés implica medida, control, sumisión…la castidad es lo que permitirá que el deseo se eternice.

Evitar el encuentro es lo que permite idealizarlo aún más y controlar su deseo, postergándolo en la realidad, y sosteniendo así el placer de desear.

Junto a este aspecto religiosos del amor se encuentra un desprecio, un rebajamiento de la sexualidad; son las dos caras de la moneda que coexisten dolorosamente.

El amor cortés sobrevive en una manera de hacer, de amar; el encuentro postergado, lo inaccesible del objeto de amor…

Bueno, en la literatura psicoanalítica que he transmitido en este blog he introducido mínimamente algo. Pueden releer los artículos sobre la manera de amar de los hombres, las condiciones del objeto amoroso de las que Freud nos hablaba, así como también tenemos en Lacan las referencias a la manera de amar del sujeto obsesivo, para lo cual recurre a la figura del «amor cortés».

FUENTE: Extensión (Comp.2,3,4) Boletín de la Cátedra de Psicopatología I. (FHCE) UNLP. Ed De la Campana, La Plata,1994.

Categorías: Amor, General, Psicoanálisis