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Cómo ayudar a una persona con Alzheimer?

Publicado por María Fay

Como vimos en el artículo anterior, el diagnóstico de Alzheimer tiene un efecto muy importante tanto en el paciente diagnosticado como en su familia.

A pesar de no tener cura, son muchas las acciones que se pueden llevar a cabo si se detecta con tiempo, no solamente desde el tratamiento médico, sino también desde el trabajo del psicólogo, que puede ayudar a mejorar la calidad de vida del paciente y sostener el proceso de la enfermedad en el plano familiar.

Los psicólogos tienen mucho para aportar en estos casos, no solamente otorgando espacio al paciente en estados iniciales para contar lo que le pasa, sino también para acompañar a las familias y recomendarles ciertas estrategias para sobrellevar la situación.

Por lo general, ante los síntomas de las primeras etapas, a las familias les cuesta entender que esos olvidos o descuidos del paciente son involuntarios. Suelen recriminarle, o muchas veces insistirle para que recuerde tal o cual cosa irritándose si el paciente vuelve a caer en el error. Estas situaciones son el motivo principal por el cual el paciente, que comienza a sentir estos síntomas, incrementa su estado de angustia.

El paciente, durante la primera fase, por lo general se siente muy frustrado por lo que le ocurre. Se enoja, se angustia y se siente incomprendido. Por eso, el rol del terapeuta puede incidir en estos casos para redefinir los intercambios vinculares, ayudando a las personas del entorno  a aceptar lo que está ocurriendo, y a desarrollar paciencia y estrategias.

Concurrir a una terapia orientada a trabajar con el paciente y también con los miembros cercanos de su familia es una muy buena forma de ayudar a una persona que fue diagnosticada con Alzheimer. Recomendar terapia particular a los miembros más cercanos también es una gran ayuda, porque este tipo de diagnóstico por lo general angustia y desestabiliza en gran medida a los allegados, requiriendo de un espacio propio donde resolver estas cuestiones.

La terapia ayuda a aliviar la angustia y el miedo que este diagnóstico trae aparejado. Ayuda al paciente pero fundamentalmente a los familiares cercanos, preparándolos y fortaleciéndolos para contener y tomar las decisiones adecuadas.

El acompañamiento de estos pacientes implica en primer lugar escuchar y entender. Favorecer espacios donde  pueda seguir desarrollando tareas, aunque sean más sencillas y tengan que estar supervisadas.

En estados iniciales uno de los problemas más frecuentes es el sentimiento de inutilidad en el paciente, que se desprende de los síntomas que van tomando cada vez mayor protagonismo. Esto se debe a que, por lo general, el entorno prefiere no estimular que el paciente lleve a cabo ninguna actividad ya que suelen manifestarse errores y olvidos.

Sin embargo, es muy importante que el paciente siga teniendo tareas de las cuales ocuparse. Quizás deberán ir gradualmente disminuyendo en dificultad para evitar frustración, pero es necesario estimularlo.

El acompañamiento durante estas tareas debe ser siempre respetuoso de sus tiempos, no pretendiendo que la tarea se realice rápido y sin errores, sino alentando el esfuerzo por intentarlo.

Trabajar reconociendo positivamente sus logros, por pequeños que sean, ayudará mucho a contrarrestar el estado depresivo y la angustia que por lo general acompaña los estados iniciales del Alzheimer.

La compañía también es muy importante. Los pacientes sufren un avance mucho mas rápido y abrupto sin son abandonados o descuidados. De modo que es necesario pasar tiempo juntos.

La terapia de los familiares es, sin duda, de gran importancia, porque los ayudará a sostener estos momentos y a sobrellevar la angustia que, en algunos casos, lleva a que dejen de visitar al paciente y se alejen de la situación.

Por todo esto, y al contrario de lo que frecuentemente se cree, hay mucho para hacer en estos casos. Es fundamental informar y concientizar para favorecer la calidad de vida de quienes sufren de Alzheimer y sus familias.

 

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