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Diferencias y similitudes entre autoexigencia y perfeccionismo.

Publicado por Lic. Maria V.

Hemos hablado en muchos artículos anteriores acerca de la autoexigencia y el perfeccionismo, que, con frecuencia van juntas o coexisten en la misma persona. Sin embargo, hay diferencias entre ambas y es importante poder reconocerlas.

Ambas, pueden ser beneficiosas o perjudiciales según como se las ponga en juego. El perfeccionismo está regido por una idea de perfección, como su mismo nombre lo indica. Y esto puede ser problemático, en el sentido de que el sujeto puede considerar que nunca es suficiente y que jamás estará satisfecho con sus logros.

¿Qué es la perfección? ¿Existe realmente? ¿Podemos creer que hay un momento en el que consideramos que ya no hay nada más que hacer o que agregar? Esto es tan subjetivo que depende de la concepción de cada persona.

Desde el punto de vista psicológico la pretensión de perfección puede ser ciertamente un motivo de frustración y angustia muy frecuente.

La autoexigencia también puede ser beneficiosa o perjudicial según la perspectiva con la cual se despliegue. Si vamos a analizar el término vemos que implica una exigencia hacia uno mismo. Exigencia se asocia a esfuerzo, e implica cierta intención de superación y logro. Sin embargo, esta exigencia puede volverse excesiva, llevando a la persona a exigirse hasta límites extremos, castigándose a sí misma y no pudiendo valorar sus logros o virtudes.

La autoexigencia, al no tener implícitamente la imagen de perfección en su término, se vincula con la posibilidad del crecimiento y el salirse de la zona de confort que, si es llevada de manera equilibrada, puede permitir procesos sumamente enriquecedores para la persona.

Actualmente vivimos en un mundo lleno de patrones e ideales estéticos y comportamentales. Las redes sociales nos muestran una pantalla de «perfección» que confunde y sobreestimula esa autoexigencia, llevándola por caminos que se alejan del verdadero crecimiento.

Autoexigencia y Perfeccionismo son ante todo términos que refieren al cumplimiento, el intento por alcanzar un ideal. Y esto puede constituirse en una gran trampa, porque, como sabemos, ese ideal no es alcanzable plenamente y nos ubica en un lugar de deber ser que se distancia del deseo propio.

Es interesante superarse, trabajar con pasión por lo que uno quiere, y si la autoexigencia se refiere a eso, a moverse direccionando y movilizando proyectos, es entonces positiva. Por momentos, la contracara de la autoexigencia es el no esforzarse en absoluto o hacer todo a medias, y esta tampoco es la solución.

Como siempre moverse entre ambos polos sería una buena manera de aceptar ambas caras de la moneda, que la autoexigencia o el trabajo en aquello que queremos no nos obnubile y nos permita también relajarnos, pausar y reconectar con lo que nos pasa internamente. Si no son llevados como un modo encubierto de autocastigo, la exigencia y el perfeccionismo pueden ser buenos aliados.

Por el contrario, si se vuelven rasgos que nos inhiben y nos impiden avanzar, entonces se nos han vuelto en contra. Se transforman en razones para reforzar la idea de que siempre nos falta algo o de que nada de lo que hacemos es suficiente.

Como vemos, estos términos se distinguen y tienen también mucho en común. Son rasgos con muchos matices, y según como los orientemos pueden ayudarnos o dificultarnos en el camino.

 

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