Psicología

El mito de la media naranja.

Publicado por María Fay

Es frecuente escuchar acerca del mito de la media naranja, o indirectamente, aquel discurso que sostiene que una pareja es aquella que vendría a «completarnos».

Mas allá del término o la frase en sí misma, lo interesante es indagar en las bases de este mensaje y sus consecuencias.

El mito de la media naranja se perpetúa discursivamente desde la antigua Grecia, donde Platón le dio vida en su obra El Banquete. Es un concepto que está asociado a lo que posteriormente se llamaría «Amor Platónico», de modo que ya observamos como la caracterización de la frase Media Naranja, tiene relación con lo platónico, idealizado, utópico.

A partir de aquí, y mas allá de la denominación, el concepto se extiende. A través del matrimonio religioso, se afianza la idea de que una pareja es «para toda la vida», dejando entrever que algo de esta complicidad, o correspondencia entre ambas personas debería ser algo natural. Una no es sin la otra.

Así, a través de películas y cuentos infantiles, se inculca a las personas desde muy pequeñas una idea más bien ficticia del amor y de la pareja. Esta cuestión trae consecuencias terribles y gran frustración a la hora de encontrar pareja y transitar por el proceso de vínculo.

Como hemos desarrollado anteriormente, según los conceptos de Erich Fromm en El Arte de amar; el amor no existe per se, sino que se construye. El encuentro entre dos personas no es azaroso, ni mágico, hay determinaciones inconscientes que, por supuesto, lo condicionan; pero luego siempre habrá cuestiones a trabajar.

El otro es eso, otro. Jamás se amolda a nuestra forma de manera completa. Y es correcto que así sea. Formar una pareja no implica un devenir lineal, romántico y sin complicaciones, sino que es un intercambio, un vínculo en el que siempre surgirán conflictos.

La idea del amor consecuente del mito de la media naranja nos crea falsas expectativas en lo que al vínculo de pareja respecta. Y por ende, gran frustración y exigencia. Tanto hacia el otro como hacia nosotros mismos.

Nos hace creer, además, que necesitamos de ese otro. La necesidad obtura la posibilidad de Elección y el amor sienta sus bases en la elección libre.

¿Sería amor si fuese algo obligado o impuesto? La libre elección nos permite otorgar al amor su carácter más genuino, que implica que uno ama a ese otro porque lo elige sobre otras posibilidades y opciones, no por ser lo único posible, lo único capaz de completarnos.

De modo que se vuelve imperativo desarmar este tipo de mitos que solo complican, desde el punto de vista psicológico, la posibilidad de crear vínculos duraderos.

El mito de la media naranja crea además la concepción de que cada integrante de la pareja sería eso, una mitad, y no un sujeto en su totalidad. Una mitad que necesita de esa otra para poder ser, vivir y relacionarse.

Desde el Psicoanálisis podemos cuestionar el concepto de completud y totalidad. ¿Qué es ser un ser completo? Ningún sujeto es total y completo. Nunca llegamos a conocernos de manera completa y el deseo en esencia necesita de la falta para existir.

Sin embargo, esta incompletud, por llamarlo de alguna manera, de ningún modo implica esta ilusión de necesidad de un otro que vendría a colmarnos. Al contrario, si de la falta se trata, no habría ningún ser o ente externo que pueda colmar esa falta o vacío en su totalidad, y en esencia, esa es la clave del desarrollo y la existencia humana.

De modo que resulta interesante cuestionarnos este tipo de preconceptos. Debatirlo en familia, y en los espacios educativos puede ayudar a desarmar concepciones que entorpecen el desarrollo subjetivo y la construcción de vínculos.

 

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