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El porqué del fanatismo.

Publicado por María Fay

El fanatismo se puede considerar un proceso psicológico.
Implica la supremacía de la pasión sobre la razón, en torno a un objeto, símbolo o líder que funciona como figura de cohesión.

Este proceso implica la masividad, el ser partícipe de algo conjunto, grupal, y que de algún modo anula en su proceso las diferencias individuales.

Esto, según Freud, se debe a un mecanismo pulsional que unifica a los miembros de un grupo mediante la ubicación del líder como Ideal del Yo.

Así, los miembros de grupos extremistas o fanáticos, pierden su ideal del yo personal, adoptando al líder como ideal común.

En este proceso muchas libertades y deseos personales se pierden.

El mecanismo de Idealización además, evita que podamos tomar en cuenta las características negativas de aquello que apoyamos.

El fanatismo ha producido a lo largo de la historia las peores desgracias.

Los sujetos son capaces de hacer cualquier cosa, incluso matar o morir en pos de un ideal.

Es un proceso en el que se anula el raciocinio incluso al extremo de no poder comprender u observar cuestiones básicas o indicios que contradigan la idea suprema.

Según Erich Fromm podríamos pensar esto como un intento drástico por superar la separatidad.

Es el movimiento por excelencia de negación de la individualidad y creación de la masa como producto que nuclea y produciría la unión humana tan anhelada.

La idealización es un mecanismo psicológico primitivo, que tiende a exaltar aspectos positivos de una persona, idea u objeto, anulando de manera absoluta las características negativas que pueda tener.

La creencia o la fe funciona muchas veces de este modo.

Para Freud la unión de la masa se produce de dos modos, uno mediante el lazo al líder o la idea central, y otro mediante el lazo entre seguidores.

El fanatismo es un modo extremo de esta unión donde el núcleo que esto representa en la vida de un sujeto en cuanto a captación de gran parte de la libido, termina coartando o debilitando otros espacios de su vida.

Los fanáticos, luchan y reaccionan contra cualquier amenaza que ponga en peligro su sistema de creencias y su statu quo.

La protección de la idea o del líder se vuelven el imperativo fundamental.

El atentado contra el grupo o el ideal es idéntico a un atentado contra la persona particular.

El sujeto está igualado a la masa. Siendo incluso más fuerte el ataque contra esta al ataque contra sí mismo.

Podemos pensar que el riesgo de pérdida de esta unión o idealización tiene realmente consecuencias catastróficas desde el punto de vista psicológico para el sujeto.

La noción de pertenencia funciona muchas veces a modo de suplencia de carencias que el grupo viene a colmar.

Así, gran parte de la constitución psíquica del individuo se arma en base a este fanatismo e idealización, motivo por el cual la ruptura representa una amenaza real de ruptura y pérdida de ese armado psíquico.

Ana Fernández, sostiene que en torno al poder y a la creación de masas y seguidores, siempre se produce un anudamiento del deseo al poder. Así, aquel que se haya en posición de líder tiene en sus manos la posibilidad de manipular los deseos de quienes los siguen.

Los seguidores dejan entonces de ser reales autónomos respecto a su deseo, pensamiento y decisión.

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