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El porqué de los olvidos.

Publicado por María Fay

El olvido en Psicología tiene, según las teorías, distintas interpretaciones.

Aquí trataremos acerca del olvido cotidiano, que nada tiene que ver con olvidos de base orgánica o consecuencias de fuertes traumas.

En general, el olvido se describe como una acción involuntaria que implica la pérdida de una información anteriormente adquirida.

Se asocia a la falta de atención o concentración, y para el Psicoanálisis, a la existencia del inconsciente.

Según Freud, a partir de chistes, lapsus, actos fallidos, sueños y síntomas, nos anoticiamos del inconsciente.

Así, éstas, denominadas Formaciones del Inconsciente, ocurren como aquello que escapa a la voluntad entera del Yo y de la conciencia.

Incluso en el chiste, donde se trata de una actividad en la que el Yo se siente agente directo, deja entrever siempre cualidades de lo inconsciente de ese sujeto.

Los olvidos, entonces, se consideran sucesos que escapan a la conciencia.

Algunos estarían dentro de la categoría del lapsus, mencionada anteriormente.

Se trata de un acontecimiento involuntario y que el Yo no puede comandar.

A veces, a duras penas intenta evitarlo, pero luego se encuentra repitiéndolo una y otra vez.

Desde el punto de vista de la Psicología en general, la memoria o la retención de información está directamente asociada a la atención prestada a dicha información al momento de ser captada.

Afectando fuertemente este proceso, la ansiedad, y cualquier tipo de situación emocional que implique que el sujeto no tenga energía dispuesta para dicha acción.

Desde el punto de vista freudiano podríamos pensar en la energía libidinal disponible.

Cuando el sujeto está pasando por un momento emocionalmente complejo, estando deprimido, melancólico, con temor, o dolor físico, por ejemplo; esa libido está invistiendo narcisísticamente a la dolencia o a la representación psíquica que domine el cuadro, dejando de estar disponible para captar información nueva.

Estos estados son propensos para generar olvidos recurrentes, porque la libido está depositada en otro lugar, y no puede emplearse para ese fin.

Pero más allá de estos acontecimientos, en donde lo nuclear es el contexto o el estado emocional del sujeto, Freud también hace hincapié en el contenido de lo que se olvida.

En particular, experimentándolo por sí mismo, Freud hace foco en los olvidos temporales de nombres propios, y el recuerdo erróneo, o sustitutivo que en general se observa en estos casos.

Para él, en estos episodios, acontecía algo más que un simple descuido, permitiéndole esta observación ampliar las nociones del inconsciente en su obra “Psicopatología de la vida cotidiana”.

Mucho de lo olvidado representa cuestiones no resueltas para el sujeto, o son símbolos de asuntos que la conciencia quiere mantener fuera de sí.

De esta manera, podemos sufrir episodios en donde no podemos recordar el nombre de alguien en particular, por más que nos esforcemos y, por asociación o características puntuales, resulta que ese nombre nos recuerda a otra cuestión que querríamos evitar.

En otros casos los olvidos implican objetos o palabras que se asocian con situaciones en las que experimentamos algún tipo de emoción displacentera o que se vinculan con sucesos dolorosos y que la conciencia intenta aislar.

Muchas veces, y de modo más directo, olvidamos citas o encuentros que por alguna razón despiertan nuestra ansiedad, temor o nos tensionan por algún motivo.

De modo que, de esta manera, consideramos a los olvidos como no azarosos desde ningún punto de vista.

Acontecen para decirnos algo, y está en nosotros profundizar en ellos para dar lugar al inconsciente, y conocer aspectos de nosotros mismos a los que no podríamos acceder de otro modo.

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