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Jung y la Sincronicidad.

Publicado por María Fay

El concepto de Sincronicidad, según el pensamiento junguiano, implica la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal.

Esto significa que uno o varios sucesos externos pueden tener un sentido paralelo a la subjetividad psíquica.

Así, se establece la posiblidad de comprender, por ejemplo, cuando pensamos en alguien y aparece o nos llama. Este tipo de sucesos, intuiciones, deja vu’s, entre otros, tendrían su explicación mediante la sincronicidad.

Según este paradigma, las casualidades no existen y todo lo que vivenciamos como azar es en realidad manifestación de fuentes más profundas, como decía Schiller.

La idea de Sincronicidad tiene base en muchas culturas antiguas, pero fundamentalmente en el pensamiento oriental.

La idea del Unus Mundus: un mundo unificado, un orden profundo que subyace y permite este tipo de conexiones, fue defendida por Jung, y también por Wolfgang Pauli, premio nobel de física, entre otros.

Esta idea, a su vez, es compatible con la idea del espejo, en la cual se establece la existencia de una relación entre el mundo interno y los sucesos externos.

En el Inconsciente se anulan las categorías de espacio-tiempo y, por  lo tanto se alteran las leyes causales. De modo que una idea, sueño o imagen puede preceder a que un suceso ocurra de hecho en el mundo externo. Así, pueden explicarse presentimientos o ciertos tipos de premoniciones.

Esto, implicaría, la manifestación externa del Inconciente colectivo.

Los sucesos de los que habla Jung en este caso tienen un sentido significativo, y es por esto que es difícil considerarlas como meros productos del azar.

Lo diferencia así de un Sincronismo, que haría simplemente referencia a la simultaneidad de dos sucesos.

La sincronicidad implica sucesos simultáneos que nos sorprenden y que son tan improbables que nos transmiten la cualidad de ser mágicos o epifánicos.

Muchas veces no los consideramos relevantes y los tratamos como meras casualidades. El mundo racional se ocupa constantemente de juzgar y evaluar todo lo que no ocurra en función de sus métodos y comprobaciones.

Sin embargo, la historia de la Humanidad está llena de prácticas y creencias sin basamento científico, que aportan resultados sorprendentes y que han sido practicadas desde tiempos remotos.

Dar un espacio a lo Intuitivo nos permite estar en contacto con todo lo que nos antecede, con herencias y frutos de la experiencia a lo largo de los siglos.

La sincronicidad le brinda un lugar a esos sucesos no racionales, pero que están mucho más presentes de lo que con frecuencia registramos.

Prácticas como el Tarot, por ejemplo, cobran relevancia gracias a este concepto y nos permiten entender que una carta en un momento particular de nuestra vida, pueda tener sentido.

Todo lo que no se comprende tiende a ser temido y expulsado. A partir del desarrollo científico, muchas de estas prácticas han quedado relegadas.

Sin embargo, como herramienta, tanto el Tarot como muchas técnicas alternativas, tienen un aporte significativo y pueden ayudar a desplegar cuestiones internas que no eran observadas hasta el momento.

El concepto de Sincronicidad nos confronta con los misterios de lo desconocido, con la posiblidad de que haya hilos que entretejen y conectan nuestra existencia con lo inconciente y con aquello que nos excede como individuos. 

 

«La sincronicidad es una realidad siempre presente para aquellos que tienen ojos para verla.»

Carl G. Jung

 

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