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Mi aliada, mi enemiga. La soledad.

Publicado por María Gómez

Es definida como ausencia de compañía. Tan temida por unos y ansiada por otros. Es percibida como positiva o negativa según la consideremos voluntaria o involuntaria.

El sentimiento de soledad es de naturaleza subjetiva y puede aparecer por motivos varios, siendo relativamente independiente de la situación de aislamiento social o soledad objetiva.

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Recuerda aquella vez que te sentiste tan solo a pesar de estar acompañado. La falta de comunicación o una comunicación precaria en cantidad o calidad derivan en soledad-incomunicación.

Cuando nuestro desasosiego es motivado por echar de menos a alguien, aparece la soledad-ausencia. Es característica de los recién enamorados que viven la compañía de otros como superficial, vacía de contenido. La ausencia por muerte de un ser querido provoca un vacío afectivo y una gran aflicción por la imposibilidad de volver a disfrutar de su compañía. Si no podemos contar con nadie, estamos afectivamente solos.

Sin embargo, en el caso de que no te sientas querido por el ser amado, o, llevado al extremo, por nadie, entonces estarás ante la soledad-desamor. Necesitamos de los demás para lograr ayuda en caso de sentirnos amenazados o en peligro. En caso contrario, sufriremos soledad-indefensión.

Hay personas que no pueden llevar una vida normal por la incapacidad objetiva de valerse por sí mismos o por la costumbre de depender de otros individuos. Les sumamos los casos de personalidad insegura que precisa de la aprobación o constante consejo de otro, y se completa la soledad-dependencia.

Luego están las personas que no saben qué hacer consigo mismos, no tienen nada que decirse. Entonces, la soledad es vivida como una fuente de malestar interior. Aparece la soledad-vacío interior. Estas personas se refugian en alguna actividad frenética o en relaciones personales que eludan los pensamientos negativos.

Tras un período de intensa actividad social, a veces, se agradece descansar de los demás y de las implicaciones que supone tratar con otras personas. Se produce un desgaste que nos transporta a desear, anhelar la soledad, huir del bullicio de la vida social. Se conoce como la soledad-retiro.

Muchos son los que han optado por apartarse de sus rutinas buscando la tranquilidad y  el silencio dedicándose a la vida contemplativa, sosegada. Redirigir la vida de uno reflexionando sobre sí mismo distanciándose de los demás a nivel psíquico y físico nos traslada a la soledad-intimidad. Hacer balance de sí mismo es una de las experiencias más enriquecedoras que tenemos la fortuna de experimentar como seres humanos. No dejes pasar la oportunidad de practicarla.

Con frecuencia, algunos tipos de soledad se superponen, irremediablemente, en situaciones vitales extremas. Esta pequeña guía te puede ser útil para identificarlas y asumirlas de manera natural, como un proceso más.

No obstante, la soledad en términos generales resulta psicológicamente peligrosa. Si pasado algún tiempo sientes que la soledad está trastornando tu vida en cualquier sentido, no dejes de pedir ayuda a quien creas que mejor te puede amparar, ya sea alguien conocido o, por el contrario, recurrir a un desconocido total. Concretamente, un profesional que te proporcione las herramientas para salir de ese círculo de destierro.

Acuérdate de las decisiones que tomaste bajo la opresión sufrida por sentirte solo. Seguro que no fueron las más acertadas y tuviste que acarrear con alguna consecuencia desafortunada. Por este motivo, empatiza y no titubees a la hora de prestar tu ayuda a personas que intuyas solas. Seguro que te aceptan tu apoyo sin vacilar.

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