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Separación en cuarentena.

Publicado por Lic. Maria V.

Uno de los acontecimientos que más manifestación tuvo y aún tiene durante esta cuarentena es la separación, en el ámbito de pareja.

La separación, en estos momentos, es muy difícil de sobrellevar, porque la red de apoyo que suele funcionar como sostén posterior a la ruptura (actividades de esparcimiento, reuniones y salidas con amigos), está justamente restringida.

Al mismo tiempo, se han incrementado los factores que predisponen a que las parejas decidan separarse: tensiones y estrés asociados a la inestabilidad económica y laboral, sensaciones de indefensión o vulnerabilidad que requieren de cambios de posición en los miembros de la pareja, conflictos en la convivencia, crisis emocionales individuales, síntomas psicopatológicos, dificultades asociadas a la distancia y a la restricción del encuentro propias de las parejas que no conviven, entre muchas otras.

La cuarentena nos ha ubicado en un plano diferente, demandando cambios de estructura y  redefinición, en todas las áreas, pero fundamentalmente en lo que refiere a los vínculos. Así, si se pretendía continuar exactamente con la modalidad previa, cualquiera sea el caso puntual de esa pareja, se presentarán dificultades.

Como individuos, y también como seres vinculares se nos presenta el desafío de adaptarnos en mayor o menor medida a las circunstancias que se nos presentan. Para esto, inicialmente es importante aceptar la incertidumbre, el miedo y la sensación de vulnerabilidad. Aceptar que estamos atravesando un gran cambio y que eso en cierta medida desestabilizará nuestros modos preexistentes.

En un segundo momento se podrá evaluar qué movimientos tendremos que encarar para poder sobrellevar lo que nos acontece.

En términos de relaciones esto es, a veces, difícil.

Poder calibrar nuestros intercambios, y las distintas realidades, aceptando que este suceso puede tener un impacto diferente en el otro, en el cual se movilizan cuestiones internas que difieren de las propias, no es sencillo.

Esto implica la necesidad de empatía y la intervención o mayor presencia de modos saludables de comunicación, en especial en lo relacionado con las emociones. 

Al estar todos atravesados por la pandemia, se dificulta la disposición de energía necesaria para poder hacer estos cambios de posición, pudiendo llevar fácilmente al cansancio y a la frustración.

Ante esto, muchas veces la separación aparece como la respuesta más adecuada. En este escenario las parejas enfrentan sus propios desafíos, teniendo la oportunidad de evaluar cuál es la respuesta propia y la del otro en las situaciones difíciles y hasta qué punto sigue presente el deseo de estar juntos.

Los momentos de crisis global implican crisis individuales. Las historias singulares son afectadas en gran medida por las condiciones generales, siendo terrenos propicios para movimientos de reevaluación y de redirección. Muchas veces las reflexiones propias de una crisis son las que posibilitan visibilizar aspectos no resueltos o conflictivos que permanecían ocultos.

Es interesante transitar por estos puntos de inflexión, considerándolos una posibilidad de revisar y replantearnos lo que realmente queremos. A veces es una reestructuración de la pareja y a veces es una separación.

Es fundamental que atendamos al sostenimiento de redes de apoyo, que en este caso difieren de las que podríamos haber desplegado en tiempos previos a la pandemia.

Una separación, incluso aunque sea la decisión correcta, en muchos casos implica gran sufrimiento, profundizando las sensaciones de soledad.

Buscar contención, y poder expresar lo que sentimos a otros ayuda a procesar la pérdida de manera más saludable.

 

 

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