Psicología

Inicio General Tercera Edad: Sabiduría y Motivación.

Tercera Edad: Sabiduría y Motivación.

Publicado por María Fay

La tercera edad es una etapa que hace referencia al último período de la vida, transcurriendo durante los años más cercanos al fin de la vida o al fallecimiento.

No hay edades puntuales que determinen su inicio. Anteriormente se consideraba el comienzo a partir de los 60 años, pero actualmente y, dados los avances de la medicina y la prolongación del ejercicio laboral, este límite se fue modificando.

Es una etapa difícil desde el punto de vista psicológico, ya que implica un decaimiento o pérdida gradual de muchas funciones cognitivas, así como también de malestares y cuestiones fisiológicas que impiden la movilidad o el ritmo de vida que se traía anteriormente.

Se presentan muchos casos de Depresión en esta etapa, y se debe lidiar con temores, ansiedad, pérdidas, la soledad, y las limitaciones en las actividades cotidianas.

La falta de ocupaciones fijas y de proyectos, justamente por ser esta una etapa donde se dificulta el proceso de proyección futura, desencadena en una sensación recurrente de angustia, quejas y malestar, acompañado en algunos casos por gran demanda y dependencia.

Es comprensible todo el despliegue de síntomas que se puede presentar en esta etapa, dado que la preocupación central en la vida de los seres humanos, que es la muerte, se halla cronológicamente más cerca.

Como se conoce comúnmente, en Oriente se da un trato a los adultos mayores muy distinto al de Occidente. La sabiduría de las ancianos posee para la cultura oriental un valor inigualable.

Lamentablemente, en Occidente esto no es así. Se considera al adulto mayor, con frecuencia, como alguien que no comprende las situaciones actuales o todo lo que se necesita para desarrollarse de buena manera en la actualidad, y esto concluye en cierta desvalorización por su forma de hacer y pensar.

Estas características de nuestra sociedad en particular, intensifican el malestar en aquellos que transcurren esta difícil etapa. Porque además de todos los síntomas descriptos anteriormente, se le agrega este frecuente desprecio, llegando en algunos casos al abandono.

El trabajo psicológico con las personas de la Tercera Edad es fundamental para contrarrestar todos estos factores.

En primer lugar, el establecimiento de un lazo social es el principal objetivo. Todas las actividades que reúnan y generen sentimiento de pertenencia serán beneficiosas desde el punto de vista psicológico.

Se desarrolla mediante éstas una cercanía con otros que transitan situaciones semejantes y, a la vez, se generan proyectos compartidos, que estimulan la motivación y la creación de objetivos singulares y colectivos.

El desarrollo de cualquier actividad creativa beneficia a la vez la capacidad de conectar con el momento presente, que ayuda a frenar la recurrencia de pensamientos negativos y colabora a sobrellevar pérdidas y el sentimiento de soledad de mejor manera.

El trabajo de buscar un nuevo proyecto y de aclarar que no hay edad para empezar lo que sea que uno quiera desarrollar en la vida, es otra cuestión interesante a desplegar.

Pero más allá de todo lo que podamos trabajar desde la terapia psicológica, es interesante replantearnos como sociedad el valor que pueden brindarnos los adultos mayores.

Valorar el saber de la experiencia: la sabiduría.

La experiencia o mejor aún, la vivencia, considerada como todo aquello que una persona ha vivido de manera directa a lo largo de la vida, es incomparable con cualquier información que podamos buscar en internet, en un libro, o incluso con cualquier dato comprobado científicamente.

La transmisión de saberes de generación en generación es algo que se llevó a cabo desde el comienzo de la humanidad. Y por muy buena razón: no hay como la experiencia singular.

En las tribus primitivas, los ancianos eran los consultores, aquellos a los que todos iban a llevarles sus cuestiones personales, porque por medio de sus palabras y mensajes iluminaban los conflictos y ayudaban a la reflexión.

Los jóvenes y adultos en edad laboral, deberíamos fomentar lo más posible esa transmisión, recibiendo de quienes ya han pasado por muchas de las crisis vitales más importantes, relatos y mensajes de su vivencia.

Categorías: General