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La religión y la adolescencia

Publicado por María Fay

La adolescencia es un proceso de crisis y desafío por excelencia donde se ponen en cuestionamiento todas las reglas impuestas por la autoridad parental y social.

Los casos en los que los padres o el contexto cercano al adolescente sean practicantes con cierto grado de ortodoxia de alguna religión representan en muchos casos para el/la joven un gran peligro.

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El adolescente está en una etapa de descubrimiento, donde muchas veces tendrá que equivocarse y vivir mediante sus propias experiencias. También tendrá que ir encontrando en qué cree y en qué no, y cuáles son sus propios valores y pensamientos, mas allá de los inculcados por la crianza.

La ortodoxia de ciertas familias impide que este proceso pueda llevarse a acabo. Los/las jóvenes en estas circunstancias sufren, se sienten poco valorados y coartados e intentan escapar de estas redes cada vez con mayor intensidad.

Hay jóvenes criados en familias muy religiosas que no rivalizan contra ninguno de estos dogmas. Parecen transitar el periodo adolescente sin presentar problemas y sus padres los ven cumplir con todo. Este no es un ideal de salud desde el punto de vista psicológico. Por el contrario, el no hacer ruido implica que ciertos enfrentamientos y cuestionamientos no pueden ser planteados, cuestión que trae aparejados dificultades para lograr los procesos propios de esta etapa.

Si bien el adolescente reclama libertad, debe saber que en esta etapa la libertad que se le otorga debe ir acompañada de una presencia adulta, que sostenga y limite.

Pero esa libertad enmarcada debe estar. Si nada de lo que el/la joven desea es escuchado, la frustración, conjuntamente con serias dificultades en la identidad y en la elección de caminos futuros comenzarán a mostrar sus efectos.

Muchos síntomas autodestructivos como beber alcohol en exceso, “cortarse”, que es un síntoma de mucha importancia a observar en esta etapa, recurrir al consumo de sustancias, entre otras, comienzan a considerarse, en este contexto, como escapes ante una realidad que no los acepta como individuos distintos de sus padres.

Es muy común ver casos de adolescentes sufriendo por buscar su propia identidad y espacio en un núcleo que no lo permite. En estos momentos, es interesante que los padres sepan que la postura estricta e inflexible es expulsiva. Expulsa al adolescente del seno familiar al hacerle sentir que no es aceptado. Aceptado en su búsqueda, en su crisis, y en su rebeldía.

Las familias que siguen dogmas religiosos estrictos deben comprender que el proceso adolescente implica romper con esto y, por cuestiones de salud del o la joven, es esencial permitir que algo de esa intransigencia se desarme.

La construcción de la identidad y la posibilidad de salir al mundo, son procesos que implican gran movilización.

El proceso puberal-adolescente implica un camino de abandono relativo de la posición infantil, de descubrimiento de la sexualidad, de aceptación del propio cuerpo que ha cambiado y de aceptarse como parte de una cadena genealógica que implica pensar en los propios orígenes.

En este contexto se da un replanteo sobre la autoridad parental, sobre las creencias y las formas familiares en comparación con las de otros. Todo esto forma parte de un proceso saludable, y para que ocurra debe permitirse.

Los dogmas perpetúan el estado inicial, sin aceptar cambios. Son la personas las que podemos flexibilizar, aceptar y permitir movimientos y rupturas. Los padres de adolescentes en estas circunstancias deben sin duda hacerlo.

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