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Adolescencia: Crisis e individuación.

Publicado por María Fay

El proceso adolescente no es sencillo. Inicialmente, se establece una etapa previa y con características específicas denominada Pubertad, donde mayormente surgen los cambios corporales y es una etapa de gran incomodidad para las/os niños que a partir de aquí empiezan a dejar de serlo.

La adolescencia implica una ruptura. Ruptura en muchos sentidos. Fundamentalmente, con respecto a la imagen corporal de niños que tenían hasta el momento y con lo parental en tanto caída de esa ilusión del niño/a respecto al poder supremo de sus padres, que implica una confrontación con éstos.

Tiene que ocurrir de este modo para que el tránsito por esta etapa sea saludable.

La adolescencia requiere del sostenimiento de un proceso de historización, de descubrimiento, desarmado y rearmado de su historia personal y de quienes conforman su familia.

El adulto debe ayudar en esto, proporcionando toda la información que ellos/as requieran.

La mentira o los secretos familiares, obstaculizan el proceso de manera considerable.

Es una etapa de Crisis, y como tal, es un momento donde se pone en cuestionamiento todo lo dado hasta ese entonces. Se rivaliza, se enfrenta y se desafía constantemente.

La autoridad parental es puesta a prueba una y otra vez, y el grupo de pares es ahora el refugio buscado.

Si la Adolescencia pasa “sin ruido”, esto es lo más preocupante e implica que el proceso por alguna razón no pudo ser llevado a cabo. Y es posible que posteriormente se manifiesten indicios de esta dificultad.

Este es un período que tiene que ser transitado con todas sus dolencias y alegrías.

Los padres, están en una posición difícil, que exige un sostén, un “no abdicar”, que significa no caer de su lugar de autoridad parental; mantener límites y un marco de contención, y, a la vez, ser flexibles y empáticos con el momento que su hija/o está pasando.

Los padres que quieren ser “cool” y permitir todo o posicionarse como amigos de sus hijos, están cayendo de su rol. No pueden sostener al hijo/a y se ubican a su altura. Situación que a las/os hijas/os les provoca una gran inseguridad.

Y aquellos que son demasiado inflexibles, que censuran o no permiten la búsqueda que el/la adolescente intenta desplegar, también abdican: no sostienen sino que expulsan.

El/la joven rechazará, probablemente, esta actitud que representa una desestimación hacia el/ella.

Es una de las coyunturas evolutivas más complejas de transitar y es frecuentemente cuando muchos conflictos psicológicos se desencadenan.

Cuestiones que se mantenían latentes durante la infancia, en estos momentos salen a la luz. Por eso mismo, es muy importante que el adulto esté presente, desde el diálogo y el interés. Incluso cuando el/la joven rechace esto, que es lo propio de esta etapa.

Más bien la posición parental en este momento es el de una presencia-ausencia.

Con esto, se requiere justamente de una ida y vuelta que, por un lado garantice la presencia parental y el sostén y por otro, pueda respetar el espacio del adolescente y sus tiempos mediante cierta distancia. Respetando así su privacidad y sus elecciones.

Si se garantizan estas posiciones, con suerte el proceso se llevará a cabo saludablemente.


El proceso de individuación es muy complejo y puede durar toda la vida o no iniciarse nunca. Para Carl G. Jung, implica la posibilidad de encontrar la mismidad, llegando a ser seres autónomos e independientes con un sentido de identidad y de características que nos hacen diferentes del resto.

Este proceso implica la diferenciación, entre lo propio y lo ajeno. Distinguir las ideas y deseos propios de aquellos que heredamos, o que nos han transmitido quienes nos rodean.

De tal manera, es en la adolescencia donde este proceso podría comenzar a gestarse, si bien excede este período y por lo general se extiende hasta la adultez y gran parte de la vida.

Esto tiene que ser tolerado por los padres, que en general sienten como un ataque o rechazo que su hija/o pretenda diferenciarse.

Simultáneamente a la diferenciación, el/la joven necesita anclar en esa historización mencionada anteriormente.

Sentirse parte de una cadena generacional que lo contiene, para, a partir de allí, diferenciarse y proyectar su deseo al futuro.

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