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Aprendizaje en tiempos de crisis.

Publicado por Lic. Maria V.

Las crisis y su potencialidad de cambio. Una reflexión frecuente y reiterada, sin que por momentos comprendamos qué significa realmente.

¿Qué es una crisis? ¿Cómo podríamos definirla? La definición estándar e refiere a ella como una: «coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución especialmente, la crisis de una estructura.»

A partir de esta amplia definición podemos pensar la crisis como ruptura dentro de cierto orden preestablecido. Es interesante tener presente que lo que puede significar crisis para una persona o grupo puede no serlo para otra u otro. 

Si en la dinámica de vida de una pareja o de una sociedad se suceden conflictos constantemente, esto se naturalizará dejando de tomar el lugar que quizás en otro contexto se consideraría una crisis.

Las crisis implican cambio, implican puntos de inflexión, conflictos que pretenden avisarnos de la necesidad de reorganizar normas en pos de pasar a una próxima etapa.

Hay crisis sociales, vitales, de pareja, familiares. Hay tantas crisis como personas y vínculos en el mundo. La crisis es señal de cambio, es la introducción de un suceso que marca la oportunidad de reflexión y de reconstrucción a partir de lo vivido.

Sin embargo, puede que estas crisis pasen sin recibir la atención y reflexión adecuada. En este caso, la crisis no genera el necesario efecto. Se trasciende el conflicto ignorando o evitando indagar en lo que allí ocurre, y rápidamente intentando restituir el orden previo, sin cambio ni modificación alguna.

Cuando esto ocurre el conflicto se reitera, es de algún modo como el mensaje del inconciente que está avisando una vez más que algo no fue escuchado.

Las crisis nos indican la posibilidad de aprendizaje, de evolución y de cambio. De cambio fundado en las bases correctas y profundas, no en acciones superfluas y momentáneas que no tardan demasiado en caer.

La frase que dice que se aprende precisamente de los fracasos o de los conflictos colabora con esta idea. Siempre habrá conflicto en vínculo o en la vida de sujetos cambiantes y en constante evolución. El encuentro con la realidad y el crecer es conflicto, el encuentro con un otro distinto es conflicto. La cuestión no está en evitar el conflicto sino en saber hacer con él.

Incorporar el mensaje de la crisis, elaborarlo y poder crear algo nuevo a partir de ahí es verdaderamente el motivo de su existencia.

Sin crisis no hay evolución posible, hay perpetuación de un estado anterior, que puja por mantenerse firme pero que va mostrando grietas en tanto debe adaptarse al paso del tiempo y, por consiguiente, romperse y adoptar una nueva forma.

Las crisis muestran su efecto porque producen sensación de inadaptación, de extrañeza, de dificultad para interpretar el día a día con la misma naturalidad que antes. Marcan que algo «no es lo mismo» y atreverse a afrontar esta señal es el desafío que hay que asumir para elaborar ese aprendizaje y pasar a esa otra instancia.

Transitar la crisis es aceptar una pérdida y estar dispuestos a la incertidumbre por venir.

 

 

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