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El Optimismo

Publicado por Malena

El optimismo es una cuestión de carácter, una forma ser y de percibir el mundo que se adquiere con la experiencia, cualquiera que haya sido.

No se nace optimista, sino que se decide ser optimista desde las vivencias que se hayan tenido, tanto buenas como de las otras, cuando se tiene la capacidad de ver el lado bueno que tienen todas las cosas y cuando se está dispuesto a ir siempre hacia delante con confianza y sin miedo, a pesar de los contratiempos.

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El optimista ve oportunidades y desafíos en cada obstáculo; oportunidades para aprender y desafíos para comprobar que puede hacer lo que se propone y ser fiel a si mismo.

No significa ser simple o ingenuo ni refleja debilidad, sino por el contrario, muestra la férrea actitud de lograr los propósitos pensando en positivo, hablando de ello con entusiasmo y actuando de acuerdo a lo pensado y dicho, sostenido por el deseo y la voluntad de desarrollarse y crecer e impulsado por una motivación clara, decidida y tenaz.

Ser optimista no es fácil en un contexto donde abunda el pesimismo y donde esta actitud positiva se puede confundir con desinterés por los que sufren infortunios.

El optimismo no es una actitud egoísta centrada en si mismo ni se trata de algo que se pueda obtener por arte de magia, sino que es una forma de encarar la realidad en forma positiva, perfectamente posible, con toda la energía y el esfuerzo que se necesita y fortalecidos por la esperanza.

Todas las grandes obras tienen dificultades en el camino de su realización. Si sólo se pensara en ellas y no se reconocieran las ventajas que pueden reportar, ese proceso creativo nunca se podría hacer realidad.

Para darse cuenta de las barras que se levantan para entorpecer la vida, es necesario revisar los pensamientos personales y los de los demás que nos rodean; porque más importante que empeñarse en ser optimista es eliminar la propia negatividad y permanecer libre de la influencia de los otros.

Pensar mal es un condicionamiento adquirido y una creencia negativa; cuando no se pudo aprender a creer que las cosas también pueden salir bien y aún mejor si las proyectamos, imaginamos y visualizamos ya realizados de antemano.

Para abandonar la actitud derrotista es necesario reavivar la esperanza que se ha perdido, porque ella es la que motiva a desplegar la creatividad, a comportarse en forma optimista, a ser entusiasta, a atreverse a ser creativo y a estar dispuesto a la acción.

La desesperanza es producto del miedo, porque el temor anticipa la derrota y conduce a comportarse como un perdedor, que significa bajar los brazos y desalentarse frente al fracaso.

Se puede empezar actuando como si se fuera optimista, interesándose activamente en las cosas y poniendo energía y fuerza en ellas.

El optimista no guarda resentimientos ni rencores, trasciende su pasado y se concentra en el presente, colecciona amigos, no se enoja por cualquier cosa, no se queja, perdona, acepta y agradece, y esta actitud le renueva la vida por dentro y por fuera.

Cuando una persona desarrolla su potencial se pone de buen humor y tiende naturalmente a sentirse optimista porque espontáneamente las cosas le salen bien y la realidad parece acomodarse a esas circunstancias. Sólo los pensamientos negativos y el diálogo interno la transforman en pesimista y a desconfiar de sus aptitudes y habilidades.

El diálogo interno proviene de los sermones de padres y maestros que limitaban las iniciativas de la niñez y que aparecen después fuera de contexto, cada vez que surge una oportunidad o un nuevo desafío, pero que ya no sirven, porque intoxican la mente, bloquean todos los caminos y no permiten avanzar a un adulto.

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