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Instrucciones básicas para educar (bien)

Publicado por María Gómez

Resulta innegable que vivimos tiempos críticos en cuanto a educación se refiere. Tenemos más medios, más oportunidades, más facilidades para ampliar nuestros conocimientos sin salir de casa, más libertad, más formación y, sin embargo, en cuanto salimos a la calle nos sentimos abrumados por la mala educación que reina en el ambiente. Hay normas básicas de socialización que desaparecerán a menos que nos propongamos rescatarlas del olvido. Nadie dice “gracias”, “de nada” “por favor”; algunos niños puede que ni sepan que existen esas reglas de oro. Claro, si no se las enseñan dando ejemplo, difícil.

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Por eso hoy, estamos decididos a resistirnos. Padres del mundo, unámonos para promover una Humanidad con humanidad. Para ello, es necesario regar el árbol desde el nacimiento. Pero no vale hacerlo de cualquier manera, hay formas que funcionan mejor que otras y, algunas han pervivido a lo largo de la vida por su más que comprobado efecto.

En realidad, todo empieza cuando los padres establecen unas ideas previas acerca de cómo van a educar a su hijo. Esta reflexión actuará de brújula y nos evitará tomar decisiones bajo presión sin tener una perspectiva general de nuestro objetivo como padres.

Es complicado generalizar principios primordiales ya que hay que manejar las singularidades de cada caso. Pero cuando halamos de errores, no hay duda de que aplicar los siguientes métodos, pasará factura a la larga, y a la corta.

  • Soy el colega de mi hijo. No los confundas porque no lo eres. Puede ser que el ambiente familiar sea relajado pero los adultos deben ejercer el papel de adultos y eso, a veces, requiere actuar a contracorriente adoptando medidas y tomando decisiones por el bien común.
  • Quedo como el bueno poniéndome siempre de su parte. Sin duda, es lo más cómodo, en ningún caso lo adecuado. Hay que corregir al niño que se equivoca, hacer que aprenda de sus errores.
  • El mundo gira alrededor de mi hijo. En serio, deja de sobreprotegerle, sólo conseguirás asfixiarle. Debes dejar que atraviese sus propias crisis, acompañándole para que las supere desarrollando estrategias y habilidades adecuadas.
  • No pierdas el tiempo intentando razonar en medio de una discusión (Sí, la vida da para muchas). Es mejor poner espacio y tiempo de por medio. Una vez calmados los ánimos, sentaos a analizar la situación y, ahora sí, fundamenta las causas y sus consecuencias.
  • La rutina en casa con niños es estresante. Cuando tenemos prisa se entretienen jugando con cualquier mota que encuentran en el suelo, nos retrasan y solemos llegar tarde a los compromisos. Somos los adultos los responsables de la organización de tareas. Así que si no les educas para que sean autónomos dentro de sus posibilidades, tampoco vuelques en ellos tus tensiones derivadas de esta coyuntura.
  • Deja de sacrificar constantemente a los otros hermanos o miembros de la familia en beneficio de uno de ellos. Sé ecuánime a la hora de repartir justicia.
  • Si has cometido fallos o tus hijos no se comportan como debieran, no cierres los ojos. No niegues lo evidente, acéptalo y toma medidas.
  • No fomentes el consumismo comprándoles todo lo que quieren porque no sabrán valorar las cosas, siempre querrán más y cuando no se lo puedas dar, aumentarán tus problemas.
  • No pierdas de vista educar en valores. Siempre tus actos marcarán una huella en tus hijos. Intenta predicar con el ejemplo.

Si te ves reflejado en uno o varios de los puntos anteriores, te aconsejamos que te pongas manos a la obra y lo remedies cuanto antes. En caso de que la situación te sobrepase, no dudes en acudir a un especialista que marcará los pasos a seguir y te guiará. Verás que, una vez recojas los frutos, la familia saldrá más reforzada y unida que nunca.

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