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El bien decir

Publicado por Betina Ganim

Siguiendo lo que venía comentando el post anterior, en su Seminario 5 «Las formaciones del inconsciente» Lacan nos presenta una novedad: que ese «bien decir» del que Quintiliano era el mayor representante -un bien decir en tanto código- no es del que trata el psicoanálisis.

Lacan piensa en un bien decir diferente, no de ese por el que se trata de hablar «lindo», de armar bellos discursos; no se trata de eso, dice Lacan, sino del que nos da el ejemplo con el «famillionario». Este es un neologismo. Una palabra inventada, una creación propia del decir.

el bien decir

Al respecto, tenemos los testimonios de los Analistas de la Escuela (que los convoco a leer, dado lo que enseñan de los efectos de un análisis) que dan cuenta, dice Miller, del neologismo singular de cada uno.

En este Seminario 5 es como que Lacan nos inunda con una buena nueva: aprendamos del Witz, de este nuevo decir. Y nos lo presenta como algo «incongruente», algo inédito, nuevo. Se trata de un mensaje escandaloso, en el sentido de confuso, inesperado… Como mensaje, en definitiva., más allá de cómo sea clasificado; es decir, más allá de qué tipo de mensaje, es Mensaje.

A esta altura de la enseñanza de Lacan, decimos, prima lo simbólico, y como tal, escapa al código. Se trata más bien de un significante nuevo, de la diferencia con la norma, si se quiere…Y en esta diferencia descansa la noción de significante.

Desde esta perspectiva podemos definir el horizonte de un análisis: buscar un significante nuevo.

Y si hablamos de significante nos alejamos de Quintiliano. No se trata del código, del discurso bello, sino de una «deformidad, una bella deformidad. De esto se trata el Witz, referenciándose Lacan en el pintor italiano Parmigianino, en su Maddon del Collo Longo (Virgen del cuello largo) aparece eso que sale de la norma pictórica…
Esta obra (dentro de lo que se conoce como «manierismo») Miller la toma como un neologismo pictórico.

Miller nos recuerda cómo Lacan intentó salir del pantano psicoanalítico del posfreudismo, y lo hizo situándos en otro lugar. Así, volvió a aquella experiencia que conocemos como el estadio (me gusta, más que «fase») del espejo, y luego se encontró con la lingüística, a partir de lo cual retorna a Freud con su conocida tesis: el inconsciente está estructurado como un lenguaje». Con ese neologismo, podemos decir, se diferencia de los demás psicoanalistas del pantano.

Y la gran referencia es la noción de Otro; del Otro con mayúsculas, el Otro de lo simbólico. En este sentido, podemos decir, del Otro de la IPA, de la Internacional… En fin, para que el wirz sea sancionado como tal, para que ese neologismo sea un neologismo, es en referencia a la sanción del Otro.

Lo mismo el chiste: si no hay chiste, no hay sanción del Otro (risa), no hay chiste, no hay efecto de significación…Se trata aquí del sentido. Un sentido que debe ser captado por el Otro.

Me gusta lo que planta Miller aquí respecto del psicoanálisis: si el Otro «oficial» (léase de manera diferente según la época) no nos codifica, o claudicamos, o creamos algo nuevo.

Hasta aquí. Seguiré la próxima entrada.

FUENTE: MILLER, J-A. «Lectura del Seminario 5»

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