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El Rostro como Perfil Laboral

Publicado por Malena

Deseosos de innovaciones, algunos investigadores insisten en rescatar del pasado, antiguas teorías perimidas sobre la personalidad que destacan la importancia de la correspondencia entre ciertas características somáticas y la psique.

En Barcelona, se realizó recientemente el Primer Simposio de Psicomorfología Facial, ciencia que pretende evaluar la personalidad de un sujeto por medio del análisis de su rostro. Esta técnica es considerada actualmente, una herramienta eficiente para seleccionar personal en las empresas.

El rostro como perfil laboral

Ni siquiera requiere entrevistar al candidato, porque sólo se necesita una fotografía y la firma.

Este estudio de la personalidad a través de los rasgos faciales ya se conoce desde el siglo XVIII; y es también ampliamente conocida la teoría del psiquiatra alemán Ernst Kretschmer (1888-1964) que se destacó por la elaboración de una tipología constitucional.

El sistema de Kretschmer trata de descubrir las relaciones estables entre ciertos rasgos corporales y constitucionales con las características psíquicas o psicopatológicas de los individuos.

Kretschmer también se remitió a las constante tipológicas que señalaban médicos tipólogos anteriores basados en material estadístico y experimental; al notar una cierta correspondencia entre la constitución física de los enfermos mentales y su enfermedad.

Según este psiquiatra, la enfermedad muestra la forma extrema del temperamento y del carácter que se manifiesta con menos intensidad en una persona normal.

Es una tipología somatopsíquica que parte de la patología psiquiátrica y se extiende al campo de la psicología normal.

El rostro puede ser evaluado tomando distintos índices indicativos. Por ejemplo, su tamaño en relación con la cabeza, su carácter anguloso, su alto, su ancho, su color, la cualidad de la piel, los labios, la boca, los ojos, la frente y las dimensiones del cráneo.

Kretschmer clasifica a las personas en tres grupos según sus características corporales: leptosomas, atléticos y pícnicos, que se dan más nítidamente en los hombres que en las mujeres, ya que gran parte de ellas suelen ser atípicas.

El tipo leptosoma es el asténico o débil, posteriormente identificado como de cuerpo estrecho.

El atlético: se distingue por un gran desarrollo de la estructura ósea, de la musculatura y de la epidermis que presenta poco desarrollo graso. Se caracterizan por el aspecto general de pesadez, pegajosa, desagradable y grosera, principalmente del rostro.

El tipo pícnico presenta gran expansión del cráneo, del tórax y del abdomen y suele tener estatura media.

Sin embargo, la mayoría, o sea el 90% se deben considerar tipos mixtos.

Según Kretschmer, estas características tipológicas son constitucionales o sea debidos a factores hereditarios.

Algunos autores coinciden en que los tres tipos de Kretschmer corresponden a cada una de las principales razas europeas. El atlético a los nórdicos, el pícnico a la raza alpina y el leptosoma a las razas asiáticas.

Esta forma de discriminación por la cara, crea estereotipos laborales que supuestamente podrían garantizar un mejor desempeño a largo plazo.

No deja de ser un arte de adivinación al suponer que un comportamiento puede estar determinado solamente por el rostro.

Si efectivamente la personalidad no dependiera de ningún otro factor, elegir vocación se podría reducir a mirarse bien el rostro.

Esta postura sobre el conocimiento del hombre es netamente innatista y puede condenar a una persona a ser considerada delincuente sólo por su cara, ya que podría delatar por ejemplo, una tendencia criminal.

Este tipo de evaluación es parcial y poco confiable, que deja de lado los factores sociales, la educación, el aprendizaje y las experiencias del sujeto, además de la impresión personal a través del contacto durante una entrevista.

El rostro puede considerarse el reflejo del alma de un sujeto y expresar su estado anímico, pero dista mucho de llegar a constituirse un índice único para la evaluación de la personalidad total.

Fuente: “La Estructura de la Personalidad”, Joseph Nuttin.

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