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Los Rasgos de Personalidad

Publicado por Malena

Joseph Nuttin, ha estudiado la estructura intrapsíquica de las funciones y los rasgos de personalidad, según las tipologías de Heymans y de Jung, para pasar después al análisis de las estructuras somatopsíquicas según las teorías de Kretschmer y de Sheldon; en su búsqueda de una teoría sobre la personalidad.

Comparó ambos sistemas y pudo demostrar que la personalidad rebasa estas dos estructuras y que debe ser estudiada como una unidad funcional que abarque tanto el yo como el mundo.

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Este abordaje yo-mundo comprende aspectos íntimos y sociales y también factores dinámicos, como las necesidades de adaptación, los conflictos y la identidad a través del tiempo.

La persona se muestra al mundo como un conjunto de rasgos físicos, que cambian en forma sucesiva, y de una gran variedad de conductas, que tienen una continuidad en el tiempo, en relación con las distintas situaciones que debe enfrentar; y también intuitivamente los fenómenos son captados como emanados de una unidad. Esta unidad es cambiante y representa a la persona concreta que es.

Existe pues, una consistencia interna de las formas de actuar; porque todos tenemos expectativas sobre el comportamiento de los otros, esperando una cierta constancia o estabilidad más o menos específicas en su manera de responder frente a distintas situaciones, principalmente de las personas que conocemos bien.

Estas características de las personas se consideran cualidades o rasgos, que se infieren de su forma de comportarse que se han observado y que permanecen invariables.

Por lo tanto, un rasgo se puede definir en función a la constancia o repetición de su presencia en la conducta de un sujeto, y de su estabilidad en el tiempo. Stern, lo denomina disposición y Allport propuso el nombre de rasgo.

Para el Conductismo la personalidad es un conjunto de conductas aprendidas que forman una serie de hábitos y no habría estructuras generales de comportamiento innatas, ya que este enfoque considera que el hombre nace como una “tabula rasa”. De modo que frente a situaciones parecidas el hombre tiende a reiterar conductas habituales.

A estas situaciones comunes, el conductismo las considera como elementos materiales representados por la situación y los centros nerviosos que participan en el momento de la respuesta, de modo que la base de lo que es común en el comportamiento frente a circunstancias parecidas depende del funcionamiento de las mismas conexiones nerviosas.

También las teorías conexionistas y asociacionistas consideran que la personalidad no se caracteriza por tener una estructura anterior a la experiencia sino que es puramente adquirida.

Por lo tanto, para estas teorías, cualquier individuo que pueda responder a estímulos y que pueda aprender, estará en condiciones de adquirir un conjunto de respuestas aprendidas que aplicará frente a situaciones parecidas. La conducta se transforma así, en un elemento objetivo que se puede observar y medir en un laboratorio.

Según el enfoque que se adopte existen distintas categorías de rasgos.

Hay rasgos que se refieren a los aspectos formales del comportamiento y de la personalidad, como la inteligencia, la habilidad, la estabilidad, o la actividad; y otros rasgos que se relacionan con las opiniones, los intereses, o sea que se refieren a las actitudes de un sujeto frente al mundo, es decir, a su ideología y su forma de ver el mundo.

Algunos rasgos son comunes a todos los hombres y otros distintivos, hay rasgos superficiales y otros más profundos, como así también manifiestos y latentes; y las diferencias culturales también desempeñan un importante rol en determinadas circunstancias.

Por ejemplo, en sociedades competitivas el rasgo competitivo es producto de la cultura porque se prioriza el rendimiento, la ambición, el éxito o el poder. En cambio, en la antigüedad, estos valores pertenecían a las clases más pobres que soñaban con escalar posiciones.

Fuente: La Estructura de la Personalidad, Joseph Nuttin, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1968

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