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Amor-odio a la imagen

Publicado por Betina Ganim


Les decía en el post anterior, respecto de la constitución del yo y d ella apropiación de esa imagen corporal en el espejo, que esto tiene sus fracasos. Y que allí podemos ubicar fenómenos clínicos característicos de las psicosis. Por ejemplo en la esquizofrenia se verifica esta oposición entre cuerpo fragmentado y cuerpo unificado; lo que nos transmite un esquizofrénico cuando dice que tiene la pierna a un metro de la cadera, por ejemplo, eso es justamente esa fragmentación corporal.

El padecimiento del cuerpo en la psicosis es devastador, distinto por ejemplo de lo que ocurre en las somatizaciones histéricas. Por ejemplo, retomando la ceguera histérica a la que les he dedicado algunos posts de este mismo blog: la histérica que sufre de un ojo ciego no ha desunificado la imagen de su cuerpo; su imagen en el espejo se mantiene, aunque algo a nivel del organismo, de su funcionamiento, ha sido tocado. Dijimos que las somatizaciones afectan lo real del cuerpo y son inducidas por el significante (no están fuera del sujeto).

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Entonces, para que el yo se constituya es necesaria la apropiación de la imagen unificada del cuerpo en el espejo, y esta imagen presenta cierto carácter de alteridad: esa imagen es propia pero también de otro, en tanto no coincide con la vivencia del cuerpo fragmentado

La instancia simbólica, tercera, del Ideal del Yo es lo que permite apropiarse de la extrañeza de esa imagen.

El yo se constituye entonces por identificación a la imagen especular que en un principio se presenta como la imagen de otro, con carácter de objeto exterior.

En la medida en que la imagen se me representa como propia, eso produce amor: la imagen de mi mismo me parece amable, porque el cuerpo encuentra ahí unidad, coherencia, una totalidad. Pero dijimos también que esa imagen tiene ese aspecto de extrañeza, inquietante, amenazante…

La tesis de que el yo se constituye por la captura alienante en la imagen especular del cuerpo se completa en Lacan con otra tesis: que el desarrollo humano está escandido por una serie de identificaciones ideales a las imágenes de los semejantes -que no son más que el espejo a donde nos miramos, con quien nos comparamos, con quien nos medimos, a quien admiramos o con quien rivalizamos.

Es decir, que al igual que con nuestra propia imagen, con ese otro, semejante, par, tenemos siempre relaciones de ambivalencia: amor-odio.

Con esta tesis Lacan demuestra algo típico de la vida cotidiana, y es esa relación ambivalente del hombre con su semejante: te amo y te odio a la vez (en todas sus versiones…)

También les dije que la cuestión del goce está presente en Lacan siempre, aunque a veces implícitamente. Y aunque en este período de su enseñanza no lo explicite como tal, es del goce de lo que se trata cuando desarrolla la relación ambivalente amor odio con el otro y con su imagen. La pasión por la imagen corporal: como disfrute y como padecimeinto es una constante en todos los tiempos.

FUENTE: REVISTA FREUDIANA, NUM.63. ESCUELA LACANIANA DE PSICOANÁLISIS, BARCELONA 2011.

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