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El Yo y la imagen del cuerpo

Publicado por Betina Ganim

Hay una diferencia clara entre el viviente y el cuerpo; y esto es una constante en la enseñanza de Lacan. Pero es una constante que tiene sus variaciones, según el momento de su enseñanza.

En su primera enseñanza tenemos el texto sobre del Estadío del Espejo que escribió en 1943, donde dice que para que haya un cuerpo hace falta un organismo viviente más una imagen.

El sentimiento de la unidad del cuerpo viene de una Gestalt, de una forma visual: de la aprehensión por el sujeto de la imagen unificada de su cuerpo en el espejo.

que no hacerLa imagen en el espejo LE ANTICIPA al «infans» esa coordinación de la que hasta el momento carece. Es como si esa imagen fuera la promesa de una unidad futura, frente a un presente que se vive como fragmentado.

TENEMOS AQUÍ LA OPOSICIÓN: CUERPO FRAGMENTADO-, DISCORDANTE, NO UNIFICADO; Y EL ORGANISMO UNIFICADO POR LA IMAGEN.

Por otro Lado, la captación en el espejo de esta imagen unificada del cuerpo constituye la MATRIZ DEL YO, el sentimiento de “identidad”.

Tomando de Freud la noción de narcisismo, define al YO como la proyección en una superficie de la imagen corporal. Es así que para la constitución del yo es imprescindible esa contemplación en el espejo de la imagen unificada del cuerpo.

Estamos aquí entonces a la altura de UNA RELACIÓN «YO-CUERPO».

Pero se presenta un problema para el “infans” – como lo llama Lacan: esa imagen es la suya, pero es al mismo tiempo la de otro, porque él en su experiencia de organismo fragmentado se encuentra en déficit respecto de esa imagen unificada que ve en el espejo. De ahí que junto al júbilo contemple esa imagen con cierta extrañeza. Júbilo-extrañeza ante esa imagen. También, entonces, para que se consituya el Yo es necesario que el infans se apropie de la extrañeza de esa imagen.
¿Cómo?

Bien, acá entramos en la novedad de Lacan. Imaginemos al niño sentado a upa de su madre, frente a un espejo, y ante la extrañeza de esa imagen, busca a la madre esperando un signo de que esa imagen es suya, y que es amable. Es decir, recurre a un lugar tercero, simbólico, desde donde soy mirado, hablado y confirmado en mi identidad: «el bebe… que lindo, dice el nombre el bebe. etc.

Esa instancia simbólica Lacan la llamó Ideal del Yo (desde donde soy mirado) y distingue esta escritura I(A) de la del yo ideal i(a) que es la imagen unificada de sí mismo que el sujeto contempla en el espejo.

Ahora bien, tal apropiación de la imagen puede fracasar por completo. Lacan dice que tiene que haber una relación entre esa experiencia primordial en la que el infans experimenta la vivencia de fragmentación corporal, y ciertos fenómenos de la vivencia en el cuerpo y de sentimientos de despersonalización, que observamos en las psicosis.

FUENTE: REVISTA FREUDIANA NÚM. 63. ELP, BARCELONA, 2011.

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