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¿Desde dónde uno se mira?

Publicado por Betina Ganim


El Ideal el Yo es la referencia simbólica que apacigua, estabiliza y consigue cierta armonía en la discordia que se juega a nivel de las identificaciones imaginarias. Esta instancia implica para el sujeto la conquista fundamental de ese operador que en psicoanálisis llamamos Castración, porque el Ideal del Yo también es (además de una referencia simbólica por excelencia) una especie de promesa de ser y/o una promesa de tener, que es algo a conquistar -no ahora.

Regresion

Esto implica entonces cierta distancia, una falta entre lo que tengo o lo que soy, y aquello que conquistaré, lo que llegaré a ser…

Si se pasa por el Complejo de Edipo, ese operador que llamamos Castración permite que no necesite la inmediata muerte del otro, su asesinato, sino que pueda realizar una sustitución: «cuando sea grande seré tal cosa…». Lo mismo podemos ubicar del lado del tener. Cuando de niños aceptamos con más/menos dificultades que ese objetor que el otro tiene lo puedo sustituir por otro, claro, por qué no, con ciertos enfados, en ese momento lo imaginario se pacifica con ese operador que es la castración. Entrando en esa dialéctica, con las dificultades que puede tener para cada uno, lo que se acepta es la sustitución, con ciertos reparos, pero hay una aceptación de la falta, podemos decir.

Ya estamos entonces a nivel del Ideal del Yo, de la identificación simbólica. Se trata de una identificación a un significante. Ese Ideal del Yo que Lacan retoma con el esquema óptico está extraído de la obra freudiana; y Lacan, créanlo o no, nos da una sencilla definición de lo que él llama Ideal del Yo: es el punto desde el cual uno se mira. Esta es una definición muy simple que tomaré para decir que en el niño, ese punto de mira está inicialmente encarnado por la madre, como gran Otro que introduce al niño en el orden simbólico, como el Otro desde el cual el niño se mira. Pero ese «mira» tomémoslo como el campo perceptivo de la visión (no en términos de la «mirada»). Se trata del punto de mira en lo perceptible de nuestra cotidianidad.

La mirada sería lo inverso de la visión: se trata de la experiencia angustiosa de «ser mirado».

El cuerpo imaginario en el modelo que nos ofrece Lacan en su Seminario 1 y que retoma de Freud, se sostiene del Ideal del Yo, de esa mirada (visión) del Otro que está siempre más o menos latente.

Es así que si el Otro nos «ve» bien, el cuerpo imaginario se infla: va hacia la anticipación de la completud de la imagen. Si el Otro, por el contrario, nos «ve» mal, ese cuerpo imaginario se deshincha, se desinfla, va para el lado de la fragmentación corporal. Esto no es más que nuestra «psicopatología de la vida cotidiana». Por ejemplo, sales de tu casa sin haberte mirado demasiado al espejo, medio apurado, con los pelos revueltos, camisa arrugada, se sienten un poco impresentables, pero salen al mundo. En eso, en la calle, te dicen un piropo. Esa «visión» de hace un rato desaparece, y todo ese sentimiento de estar impresentables al mundo, cambia en un instante. Al contrario puede ocurrir lo mismo. Se trata de la dependencia del cuerpo imaginario al Ideal del Yo.

FUENTE: DAMIANO, J.M. «DESDE LA PERSPECTIVA DEL CUERPO» CITA EDICIONES, 2011.

Categorías: Psicoanálisis