Psicología

El chiste

Publicado por Betina Ganim

En la tercer conferencia de las cinco que Freud le dedica a la explicitación de lo que llama psicoanálisis ante el público norteamericano en 1909, Freud comienza con una rectificación de lo que había aseverado en la conferencia anterior.

Esta especie de “fe de erratas” que hace Freud, la hace amparándose en las posibilidades de faltar a “la verdad” cuando el tiempo es tan corto y las cosas para decir son tantas.

El tema es que Freud, como suele hacer en toda su obra (ya que su teoría iba surgiendo de su clínica) se rectifica y se corrige a sí mismo, sin pruritos.

Claro, él había sostenido (ver post anterior) que cuando abandonó el método de la hipnosis, su método consistía en hacerles recordar a sus pacientes la escena traumática. Sin embargo aquí dirá que no es “universal” esto, no podía decir que en todos ocurría. Y que esforzar al paciente a recordar no hacía más que agotar la técnica. Y no llevaba por buen camino.

Es así que Freud se encuentra desconcertado. Es que él sostenía todo un edificio teórico sustentado en la idea de cierta “determinación” de los procesos psíquicos, por lo que no creía en que las ocurrencias del enfermo eran arbitrarias, sino que él sostenía que seguramente había un nexo con aquella representación olvidada -reprimida.

Así, consideró que en los enfermos que estaban bajo su tratamiento, se verificaba la eficacia que tenían las dos fuerzas que se oponían: por un lado, el intento consciente del enfermo de recordar aquello reprimido. Por otro lado la resistencia contra eso o su retoño.

Si la resistencia era nula, la representación original devenía consciente sin desfiguración alguna. Entonces, teniendo en cuenta esta teoría, la desfiguración sería mayor cuanto más fuerte sea la resistencia.

Por lo tanto, la ocurrencia o la idea que devenía consciente en el enfermo en lugar de la que se buscaba, era ya en sí misma un síntoma. En tanto formación sustitutiva de lo reprimido. Y Freud sostenía que cuanto mayor era la resistencia, mayor la desfiguración sufrida.

En esta conferencia, Freud recurre al término de “alusión”, para definir el proceso que hace la ocurrencia consiente respecto del elemento reprimido. La alusión figura indirectamente la idea reprimida.

Aquí nos dice que la vida psíquica normal, cotidiana, nos da ejemplos de esta alusión, y así nos lleva al ejemplo del chiste.

Hay que decir que es en su texto “El chiste y su relación con el inconsciente” (1905) donde Freud se explaya en la técnica de formación de los chistes.

En esta conferencia en particular se refiere a un chiste de la lengua inglesa. Se trata de que dos hombres de dudosa reputación entran al mundo exclusivo de la alta sociedad a partir de un par de buenos negocios que habían hecho. Es así que para estar a la altura de la situación se hacen retratar por uno de los mejores pintores del momento, y los presentan en una velada a la que asiste un crítico de arte. Los hombres esperaban una crítica positiva del especialista, pero este dice, ante los dos cuadros que dejaban un espacio en el medio, «¿Y dónde está el Salvador?»

Más allá de que se rían o no del chiste, el tema es que Freud dice que lo que entendemos con este ejemplo es que el crítico de arte quiso decir “ustedes van de pillos, como aquellos entre los que estaba Jesús crucificado”. Pero no dice eso, sino que en su lugar está el chiste, la alusión como sustituto.

“Alusión con omisión” dirá Freud.

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