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El deseo del obsesivo

Publicado por Betina Ganim

En el apartado 13 de “La Direción de la cura y los principio de su poder” Lacan hace referencia a la noción que tenía Freud del final de análisis, su tope: el Falo. Su operador clínico, su orientador en la cura y en el final de un análisis era en relación al Falo y a la Castración. Es decir, el falo como lo último que se encuentra en el recorrido del deseo, ese falo como significante de la falta que habilita la sexuación. Ese falo que como significante metaforiza la cadena metonímica de deseos que se lanza desde la falta en ser. Eso que abrocha la incesante búsqueda como tal.

el deseo obsesivo

Ese es el final de análisis para Freud: la función de este significante como tal en la búsqueda del deseo. Y nada puede sustituir al Falo para obtener ese fin.

Lacan ahí critica la cuestión de que en el final de análisis se encuentra el objeto perdido, la felicidad.

Y para dar una idea de ello, Lacan describe algo que pasa al final del análisis de un obsesivo. Un paciente con el que no consideró suficiente analizar la agresividad imaginaria en juego en el caso, sino más bien el reconocimiento del lugar que adoptó el mismo en el juego que su madre hacía respecto del deseo de la padre: lo destruía. Es así que él se da cuenta de su propia destrucción del deseo del otro, que el de él mismo…

En este caso se aborda la relación de los padres del paciente, para hablar de la relación del obsesivo y su deseo. Hay un padre deseante y una madre destruyendo ese deseo. La estrategia obsesiva es proteger el deseo del Otro en tanto no deseo. Por lo tanto, si deseo, destruyo.

Dice Lacan que para llegar a este punto del análisis, lo que se le reveló fue su estrategia misma: la de proteger al Otro. Una maniobra, una estrategia que lo lleva del palco (allá arriba,en el lugar del Otro, del A, aburrido, completo) desde donde observa, contempla las hazañas que en la escena juegan su yo con su sombra (a-a’)

La primera enseñanza clínica que nos arroja esta viñeta clínica en este escrito lacaniano (de los años ’50 pero que tiene toda su actualidad, por supuesto) es que no basta con hacer girar en círculos a cosas y situaciones que ya se saben de la teoría de la neurosis obsesiva: esos rodeos, esas hazañas y proezas de las que gozozamente y sin parar nos pueden llegar a hablar los obsesivos; eso que lo lleva a aislarse en su glorieta, en su palco; como tampoco sirve saber cuál es esa glorieta y llevarlo ahí; no se necesita saber todo el recorrido laberíntico que hace el obsesivo para llegar allí….

Lo que se necesita es la combinatoria,el contexto, la coyuntura que le hace de prólogo a todo eso. Es eso lo que nos servirá para dar cuenta de los contrastes que surgen, las contradicciones, y la angustia anudada a esa actitud seductora del obsesivo, los rencores que están en juego en medio de tanta generosidad y altruismo de los que se jacta, lo que aparece de inconstante e inconsistente en todo eso. Eso nos dará la buena orientación en la clínica de la obsesión.

FUENTE: LACAN, J. «La dirección de la cura y los principios de su poder» Escritos 2.

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