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Intervenir en la obsesión

Publicado por Betina Ganim

Sabemos que si queremos encontrar en la enseñanza de Lacan cuestiones «técnicas»,directivas de cómo intervenir, nos quedamos con las ganas…aún así lacan nos da algunas -pocas pero valiosas,- pistas que nos orientan clínicamente en la neurosis obsesiva.

Una la tenemos en este texto del que les vengo hablando, «La dirección de la cura y los principios de su poder».

laberintos

Lacan dice que hay que estar atento a lo verbal, a los artificios en el discurso, a esas frases clásica «Yo quisiera x, pero…y”.

Una maniobra clínica que se desprende esta lógica de la obsesión, es que en ese momento, cuando dice el “pero” es donde hay que hacer el corte, como interpretación, porque eso lo enfrenta con su deseo. Tenemos ahí este $, sujeto barrado; eso no es funcional con su estructura. El corte va así, en contra de su estructura defensiva.

Ocurre que con los sujetos obsesivos, maniobrar por la vía del significante les es funcional estructuralmente, y no cambia nada; sino que más bien colaboramos en su estrategia.

En la neurosis obsesiva es muy difícil lograr esta división subjetiva por el lado significante, porque es muy consciente de lo que le ocurre, ¡¡así lo dicen los pacientes mismos!! Tienen una posición de mucho saber sobre su sufrimiento.

Es entonces que en la neurosis obsesiva ese corte apunta al objeto, no a la división por el lado significante, porque enseguida se encarga de rebajar ese lugar del Otro del significante, al circo de sus relaciones con los objetos… Es así que tienen más efecto esas interpretaciones que apuntan a lo real, al objeto. Por eso se trata de un largo y arduo trabajo, un gran recorrido.

No basta, como les dije en el post anterior, con dar vueltas por la neurosis obsesiva. Aquí dice Lacan, que todo ese recorrido es necesario porque lo va llevando por un camino significante hasta llegar a este último, el falo. Pero el camino directo no existe tampoco, es así que si tenemos la idea de que existe un final, hay que ir estrechando el camino para conducir el tratamiento de modo tal que no se infinitice.

En la neurosis obsesiva, esos laberintos, las vueltas, las diferentes aristas hay que hacerlas, pero lo fundamental es ver en cada paciente cómo funciona esa lógica, en función de esas formas de defensa que son tan y tan rígidas.

Entonces ¿cómo intervenir en la obsesión? Porque la enumeración de los rasgos de carácter, los aspectos negativos, agresivos pueden llevar a la tentación de querer conducir al paciente por el «camino del bien», alentándolo en lo bueno, en sus logros y hazañas o intentando corregir esas relaciones de agresividad que mantiene el obsesivo con sus objetos. ¡¡Pero eso es lo que el paciente tiene para arreglárselas con la defensa!! Es decir, tenemos que tener en cuenta eso, porque no hay un camino directo, pero no tenemos que dejar de considerar que lo fundamental es la estrategia con respecto al Otro y al deseo, que en la obsesión se trata de mantener a distancia.

¿Qué lugar para el analista en una lógica que no es compatible con el significante, en tanto falta? Bien, Lacan dice que hay que actuar con cierto “desdén”, en principio, en lo que hace a todas las hazañas que nos muestra el obsesivo; digamos no caer en su seductora lógica de encierros.

El operador será ahí el deseo del analista, que implica en principio poner en juego su presencia, su deseo (no su demanda, porque responderá a todas e irá a por más). Implica más bien en este tipo clínico, una presencia real del analista.

Y básicamente NO analizar ni interpretar la agresividad; porque cualquier intento de domesticación nos llevará, como analistas, al fracaso.

FUENTE: LACAN, J. La dirección d ela cura y los principios de su poder. Escritos 2.

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