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La transitoriedad

Publicado por Betina Ganim

Se habla de la transitoriedad de los tiempos actuales, de lo efímero de las cosas, de la belleza particular que el ideal cultural promueve y exige…

¿Vamos a Freud?

Hoy quiero escribir algunas notas sobre un ensayo bellísimo, para mi gusto, de Sigmund Freud, escrito en 1915 que lleva este nombre “La transitoriedad”.

En ese texto Freud recuerda una anécdota, que se remonta a los años de la Primera Guerra Mundial, estando de paseo por una campiña, con unos amigos, uno de ellos poeta.

Este por entonces joven poeta (del cual no tenemos el dato al menos en este texto, pero era ya conocido, según nos cuenta Strachey en la Nota Introductoria) se detuvo a admirar el paisaje, añorando de alguna manera lo que quedaría de esa belleza al caer el invierno, y reflexionando sobre el destino de la misma: esa belleza desaparecería.

Todo eso, esa belleza que podía existir en ese paisaje, quedaba opacada por la característica de lo transitorio.

Freud escribe en este ensayo que de este sentimiento pueden derivarse dos estados anímicos: la misantropía o la rebelión. Es decir, o la postura pesimista del poeta, o revelarse contra lo inadmisible de la desaparición de las cosas.

Lo cierto es que Freud le discute a este poeta su posición, porque Freud no cree que algo por ser transitorio, pierda su belleza, su valor, su simbolismo. Es más, afirma lo contrario: que lo transitorio tiene su valor cuanto menos tiempo perdura.

Así, Freud ensaya que esa posibilidad de restricción de goce es justamente lo que torna el paisaje aún más encantador. Se resiste a entender cómo puede lo transitorio de ese paisaje, empañar el placer de observarlo.

Que la primavera vuelve al año siguiente en un eterno retorno…(podemos decir que es la primera definición de Lacan de lo real, eso que vuelve siempre al mismo lugar)

Ahora bien, Freud dice que en lo que atañe al ser humano, lo hermoso que puede tener nuestro cuerpo, nuestra cara, eso lo vemos desparecer dentro del ciclo vital mismo; pero que justamente esa brevedad suma un atractivo más.

Lo que Freud aquí intenta decir es que si en algún momento desaparecieran por ejemplo las manifestaciones artísticas más bellas que existen, o todo ser vivo desaparece del planeta, el valor de todo esa belleza solo estaría determinado por la significación que tendría eso para cada uno. Y eso no depende para nada del tiempo eterno de duración.

Freud, en esta discusión-debate con sus amigos, consideraba que lo que él decía no era refutable, pero al juzgar por el efecto nulo que tuvo su reflexión en los otros dos, dedujo que había ahí en ellos, algo del orden de lo afectivo, que les impedía valorar ese “goce de lo bello”.

Y que en ese “algo” Freud lee algo así como rebelarse contra el duelo. Eso bello que contemplaban llevó a la idea de que se acabaría pronto, y eso alcanzó para no poder gozar del tal contemplación.

Bueno, es que según nos apunta Strachey, Freud aquí está enunciando algo de su teoría del duelo, tal como aparece en su texto “Duelo y Melancolía”, que él había escrito ya unos meses antes del presente ensayo, pero que fue publicado recién dos años después.

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