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¿Qué NO hacer?

Publicado por Betina Ganim

En el post anterior dejé dicho de alguna manera que la demanda de tratamiento de un psicótico puede a veces estar determinada por buscar un saber sobre eso que le pasa, sobre ese rayo que lo atraviesa en algún momento y lo deja perplejo; eso real que él sabe que tiene un sentido, pero no sabe cuál.

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Y así es que puede llegar a la consulta de un «psi».

Pero la diferencia fundamental con la demanda de sentido que puede hacer un neurótico, reside en que esa demanda, la del sujeto psicótico, no tiene en cuenta el Deseo del Otro. Es decir, no lo supone de ninguna manera.

El Otro como destinatario no es el Otro de la demanda; es que al psicótico muchas veces le es suficiente con que haya ahí un destinatario para dar su testimonio.

Y lo pardójico en todo esto es que el psicótico extrae su certeza de sí mismo, de una experiencia personal. El tema es que sólo dirigiéndose a un destinatario, es que puede sostener esa certeza. Por eso clásicamente está propuesta la posición del analista como «secretario del alienado», como un mero receptor del delirio…

Ante esa significación que queda suspendida para el sujeto psicótico, queda expuesto al abismo del significante.

Podemos decir que si el sujeto neurótico consulta para que de alguna manera se le diga qué desea, el psicótico quizá acude para pedir solo que se tome testimonio de su goce.

Entonces nos debe surgir la pregunta de que si ésta es la problemática de la transferencia en el psicótico ¿qué lugar podrá ocupar en ella el analista?

Una cuestión interesante para plantear al respecto es que el psicótico muestra mejor lo que conviene evitar -más que lo que habría que hacer.

En este caso, de interpretar, nada.

Por último, podemos situar los dos grandes «riesgos» en el que puede caer el analista ante este tipo de demandas, y que tiene que ver con la maniobra transferencial en la psicosis:

Ocupar el lugar del perseguidor (si responde desde la vertiente de la significación, es decir, dando sentido a esa significación suspendida que el psicótico conlleva en su demanda)
La transferencia erotomaníaca: porque el psicótico se ofrece al goce del Otro, o se ofrece al analista como desecho…

Por eso, teniendo en cuenta estas precisiones respecto de la transferencia y el lugar del analista en ella, podemos decir que éste podrá situarse, en principio, en dos lugares posibles :

Como “testigo”. Cmo un otro que autentifique lo que el psicótico viene a decir. Un testigo que no sabe nada, que no goza. El peligro está en que si ocupa el lugar de tercero, de un Otro que sabe, goza, un Otro completo digamos, puede llevar al sujeto al desencadenamiento, en tanto conduce al sujeto a un lugar al que no puede responder.

Como «limitador», el que tiene que poner coto, límite al Goce. El analista debe operar como aquel que puede decir que no. El “no” del analista establece un límite, un borde del orden del “no se debe”.

Se trata de ayudar al psicótico a hacer su propia ley, dar un borde a ese agujero que se abre, al estar el significante del Nombre del padre forcluido en la estructura.

Fuente: Soler, Colette. «Estudios sobre las psicosis»

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