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La entrada

Publicado por Betina Ganim

En la teoría del psicoanálisis, sabemos que el concepto de transferencia es esencial. Como lo es la transferencia misma para el dispositivo analítico, en la experiencia del análisis como tal; es decir, en principio, con un analista.

En «Clínica bajo transferencia», de J-A Miller, tenemos que la clínica se vincula a un saber supuesto, pero ese saber no está en el analista, sino en el inconsciente, en el sujeto del inconsciente.

bajo transferencia

En definitiva, el analista está orientado a una de-suposición de saber.

Lo que nos dice Miller aquí es que sabemos más sobre lo que ocurre en las entradas al análisis que a las salidas. Sabemos más del principio de una cura que de su final. ¿Será porque hay más entradas que finales para transmitir?

Lo cierto es que en cada entrada, podemos decir que hay un encuentro con lo real, con lo traumático: el sujeto descubre un goce que desconocía (suyo o de otro) O bien existe el encuentro con un deseo que lo excede; desencuentros amorosos, fracasos laborales o profesionales, muerte de algún ser querido, separaciones…

Podemos decir, el encuentro con una falta. Pero al contrario de lo que ocurre con la falta en el final de análisis (que Lacan llama el atravesamiento del fantasma), en la entrada se trata del síntoma, no del fantasma.

Ahora bien ¿dónde ubicamos el comienzo de un análisis? ¿Con la demanda a un analista? Bueno, Lacan dice que no. Que la demanda de análisis comienza con la transferencia. No con la demanda a un analista -que claro está, puede sin embargo tener ya valor de acto para el sujeto.

Sino que de lo que se trata en la entrada es de la transferencia. la transferencia analítica propiamente dicha, que tiene lugar en la suposición de un saber inconsciente en juego.

Está bien, desde luego que existe una especie de pre interpretación del sujeto respecto de sus síntomas -por qué no, cierta creencia, al menos en que eso le ocurre por algo.

Eso es lo que llama a un sentido para ese sin-sentido del encuentro con lo real. El analista tendrá que , primero lógicamente, poner en forma al síntoma (tal como hizo Freud en el caso Dora)

Ese síntoma (Sq) exige el significante de la transferencia (St). Una vez ese síntoma en transferencia, podemos decir que es un síntoma analítico.

Pero, dice Miller, acá tenemos una paradoja: que al mismo tiempo que se constituye un síntoma en transferencia, se produce un cierre del síntoma.

Así, Miller sitúa en esto tres tiempos:

1) La identificación imaginaria al síntoma. El sujeto identifica su síntoma, sabe cuál es su problema pero no lo articula a su vida misma;

2) El síntoma como real.

3)La demanda al analista, como momento de concluir. Momento en el cual se le restituye lo simbólico; es decir, el síntoma como mensaje dirigido al Otro.

Esto último es lo que conocemos como «neurosis de transferencia». Así, el síntoma analítico se articula en el discurso del analista, quien formalizándolo como demanda, lo engancha al Otro.

El cierre del síntoma se produce cuando el analista se ubica completándolo, dando sentido.

FUENTE: MILLER, J-A. Clínica bajo transferencia.

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