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Producción de la transferencia

Publicado por Betina Ganim


Siguiendo la línea que tomé hace algunos posts, esta vez me detendré a decir algo de ese concepto que según Jacques Lacan es uno de los fundamentales en psicoanálisis. Me refiero a la transferencia.

Este es un significante que en psicoanálisis tiene toda su importancia, por lo que permite, por lo que habilita: un análisis. Es decir, sin transferencia no hay análisis. Como que sin transferencia tampoco hay analista.

divan

La transferencia no surge sola, sino que depende un acto del analista también. Es decir, por un lado es necesario que exista la transferencia para que haya analista; pero por otro, el analista debe hacer un acto que la constituya. Y cuando hablamos de Transferencia, hablamos de amor, ese amor particular que se pone en juego.

Tenemos el caso de aquella estudiante de la carrera de Psicología, que empezaba a transitar el camino de la clínica psicoanalítica. Una estudiante de psicología con un camino que le era claro: el psicoanálisis. Según lo que había leído en Freud, era necesario que alguien que quisiera ser analista se analizara. Entonces le vino la pregunta ¿con quién? Por supuesto, buscó referencias en los Amos de turno, que con diferentes interpretaciones a esa demanda, la dejaron un poco «descolocada». La paciente entonces decidió consultar a una mujer, un mal encuentro podríamos decir. Aquella analista había derribado» demasiado pronto al Otro que la paciente le mostraba. Y se fue. Probó entonces con otro analista, esta vez hombre, y la transferencia allí tuvo que ver con su «voz»; ¿algo de la voz o algo que decía de ella?

Bien, es que ese primer encuentro con el analista a quien le iba dirigida su demanda, ya estaba ubicado transferencialmente. Es que ese analista, en otro contexto (la primera vez que lo escuchó fue en un espacio universitario pero muy clínico) había dicho algo que la «tocó», que la «mordió»…¿o fue solo su voz? Cuestiones a desentrañar en su análisis… Como si ese analista supiera algo de ella que ella misma no sabía…

El caso lo traigo para ilustrar cómo es que se produce esto en un tratamiento. Luego, el analista con su acto tendrá que provocar que ese saber que se espera de él, rebote en el sujeto, por decirlo de alguna manera. El que trabajará no es el analista, en tanto Otro del saber, sino el propio saber inconsciente en juego del único sujeto allí: el paciente.

Sigamos con la pregunta, que viene al caso, de quién es el «sujeto supuesto saber» en una cura analítica.

Claro que para el analizante, ese saber está en el analista, y es por eso que se dedicará a producir con su inconsciente significantes para ese Otro, y se «abrirá» a la asociación libre, esperando del Otro una interpretación, un acto.

Pero para el analista, el saber está en el analizante, ese enjambre de significantes que se articulan entre sí en una eterna producción de sentidos de los que el analizante, hay que decirlo, goza. Ahí tenemos que decir que el diván juega un papel importante, ya que entra en juego la cuestión de la mirada. El diván priva en último caso, de la mirada sobre el analista, y esto saca de escena cualquier juego imaginario, desapareciendo toda apariencia de conversación.

El acto del analista está fuera de las agujas del reloj, y surge de modo intempestivo, para «mover la estantería» del inconsciente, y cuestionar algunas certezas.

FUENTE: FREUDIANA, NUM. 63. ELP, BARCELONA.

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