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No siento: alexitimia

Publicado por María Gómez

Las emociones forman parte de nuestra vida desde el mismo nacimiento, incluso antes. Lo normal es que se vayan aprendiendo de manera natural y se discriminen desde la primera infancia. Imagina que las emociones se encuentran ausentes en tu persona. No sientes lo que deberías sentir en el momento que lo tienes que sentir. Quizá no tienes que imaginártelo sino que sabes exactamente de lo que hablo.

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Te piden que expreses lo que sientes y ni siquiera sabes reconocer los sentimientos. Además, te parece raro cómo actúan los demás y no acabas de entenderlo bien. Es posible que tu cerebro presente alguna anomalía que te produce esa alexitimia (primaria) o bien algún episodio traumático te ha ocasionado la incapacidad de reconocer emociones ajenas y propias. Sólo pide ayuda aunque no lo sientas.

Indudablemente, alguna vez te han dicho que te consideran distante y frío. Lo que no saben es que lo más probable es que no puedas transferir las emociones al nivel verbal, lo que dificulta el reconocimiento de las mismas enormemente. Diles que, de igual manera, eres una persona que no pone etiquetas por lo que no sueles guiarte por prejuicios sino por tu verdad basada en hechos objetivos.

Es verdad que la imaginación y la creatividad no se hayan entre tus fortalezas ya que van íntimamente unidas a los sentimientos y emociones que llevamos dentro siendo aquellas consideradas expresiones para sacar al exterior lo que nos bulle por dentro.

La realidad es que la alexitimia priva de una valiosa información en la toma de decisiones a todos los niveles. La razón no se concibe desligada de la emoción para decidir en casi todas las cuestiones. Se dice que viven desconectados de los aspectos positivos de las emociones pero, por el contrario, disfrutan del beneficio de no asociar emociones negativas a circunstancias traumáticas o de alto impacto emocional. Se libran, pues, del miedo y la ansiedad. El lado peligroso de esta ventaja es que abre una ventana a trastornos de tipo alimentarios o del espectro autista.

Algo impide que tus dos hemisferios se comuniquen con fluidez pero eso no debe convertirse en un estigma. Afrontar la situación con naturalidad, como quien va al médico a curarse un resfriado. Se trata de aprender a desarrollar las emociones que están presentes en ellos para poder relacionarse socialmente con cierta normalidad. Identificarlas en uno mismo y en los demás facilitará el desarrollo de habilidades sociales que serán entrenadas en las sesiones terapéuticas. Por tanto, el neurólogo y el psicólogo serán tus profesionales de referencia si crees que te ajustas al perfil o conoces a alguien que pueda encajar.

No piensen que es difícil encontrar a alguien «alexe». Al contrario, se estima que más personas de las que creemos presentan este trastorno aunque en diferentes grados. Por tanto, no juzgues a quien pienses que no le importan los otros porque puedes estar ante un alexetémico que, simplemente, no sabe de qué estáis hablando cuando os referís a sentimientos y emociones por lo que no podrá ponerse en tu lugar.

 

 

 

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