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¡Qué emoción!

Publicado por María Gómez

Todavía no se ponen de acuerdo los teóricos sobre la existencia de emociones básicas. Aún se discute sobre ello pero es patente la existencia de unos patrones de reacción considerados como generalizados y, parcialmente reconocidos como universales. Incluso, cada una de ellas dispone de sus propias respuestas fisiológicas y motoras que fácilmente reconocerás. Hagamos la prueba.

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Cuando sientes una actividad cardiovascular intensa fruto de la necesidad de actuar de manera intensa e inmediata sobre una situación percibida como problemática dando lugar a sensaciones desagradables y aversivas, lo más seguro es que estés en pleno proceso de ira.

Al interpretar una situación como peligrosa, si sentimos o anticipamos el dolor, cuando percibimos algún tipo de amenaza o creemos que perdemos el control, nuestro corazón se acelera y el desasosiego se apodera de nosotros. Posiblemente, sientas miedo.

En cambio, si, en general, eres una persona que disfruta de la vida, existe cierta congruencia entre lo que deseas y lo que posees  y sueles ser capaz de alcanzar tus objetivos sientiéndote satisfecho con tus logros a la vez que muestras una actitud positiva hacia ti mismo y hacia los demás, es indudable que la alegría es habitual en tu vida.

Te encuentras decepcionado, indefenso, fracasado o melancólico y tus niveles de energía son bajos en relación a lo considerado como normal. Por tanto, no inviertes tiempo en ninguna actividad concreta a nivel físico, ni siquiera psicológico. En efecto, la tristeza ha irrumpido en tu mundo.

De repente, tu actividad neuronal se incrementa. Algo te interrumpe, o te parece novedoso. Tu mente queda en blanco durante escasos segundos y no sabrías definir con exactitud qué estás sintiendo pero sabes que no es tan desagradable con el miedo, la ira o la tristeza. Tampoco lo percibes como una impresión agradable. Está, pues, un poco en tierra de nadie. Ésto pasa cuando experimentas sorpresa.

Fisiológicamente, esta emoción provoca un aumento en la tensión muscular y puede que tu sistema gastrointestinal reaccione de alguna manera. Necesitas alejarte o evitar contacto alguno con el estímulo. La sensación es desagradable y suele dejar una huella, relativamente permanente, en la memoria. Habrás reconocido este patrón cuando has sentido asco.

En toda emoción, parecen estar implicadas unas variables relacionadas con su función adaptativa, los cambios fisiológicos que provocan, la importancia de la actividad del sistema nervioso en su origen, los aspectos conductuales vinculados a respuestas condicionadas y los procesos cognitivos que causan las emociones.

Estrechamente relacionadas con las emociones, las expresiones faciales son el reflejo externo de estos estados internos. Suelen ser comunes en todas las culturas. Así, si despertaras un día rodeado por los miembros de una tribu de cualquier punto remoto de África, lo más seguro es que comprendieran tu expresión de asombro aunque ni siquiera supieran que existe un prenda de vestir llamada pantalones. Y viceversa, claro.

Saber reconocer nuestras emociones, manejarlas y utilizar los conocimientos derivados de esta habilidad para dirigir nuestros propios actos y pensamientos, nos hará mas inteligentes emocionalmente. En la actualidad, una persona con alta inteligencia emocional tiene asegurado un alto grado de éxito tanto laboral como personal. Por ello, animamos al lector a profundizar en sus estados emocionales para poder conocerse mejor y poder discriminar las debilidades sobre las que poder intervenir con el  fin de superarlas.

 

 

 

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