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Marea alta y baja: autoestima

Publicado por María Gómez

Cada vez que alguien se muestra inseguro, algo inestable o decaído, tenemos la “suerte” de tener siempre una eminencia cerca que emite un diagnóstico rápido sobre ese comportamiento: baja autoestima. Pues teniendo en cuenta que la autoestima se mide por la valoración que hacemos de nosotros mismos, desmontamos otro mito: no son los demás los que tasan la autoestima, es uno mismo. Es más, la autoestima ni siquiera es fija, fluctúa de una situación a otra. ¿Acaso nunca has destacado en un deporte en el cual demuestras una gran seguridad en ti mismo mientras que eres incapaz de decirle a la persona que te gusta lo que sientes? Por consiguiente, nos hallamos ante un concepto que debe medirse en varias dimensiones para poder lanzarse a evaluar.

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La baja autoestima se caracteriza por un sentimiento de inferioridad, incapacidad, de descontrol sobre sí mismo o de carencia de aptitudes, entre otros. La persona se siente mediocre con respecto al resto del mundo. Un factor determinante es el diálogo interior. Analiza cómo te hablas de ojos para adentro. Quizá eres muy crítico contigo mismo, tal vez no te perdonas haber cometido errores, o te mortificas cuando las cosas no te salen del todo bien.

Por fin, llegan las buenas noticias: la autoestima se aprende. Tanto la buena como la mala. No nacemos con una  autoestima de serie y, ésta cambia de dirección a lo largo del tiempo. Por tanto, podremos aprender a tener una buena autoestima y aprender a dejar de tener una mala. No necesitas otra cosa que aprender ciertas estrategias cognitivas que te conduzcan a controlar ese diálogo interior hacia el camino de la aceptación. Merecen especial mención:

  • Crea tu propia manera de pensar.

Actúa eficazmente ante un pensamiento negativo: páralo y plantea hipótesis que deberán ser confirmadas o no. Después, ejercítate para elaborar pensamientos en sentido contrario. Es todo un reto.

  • Maneja tus emociones negativas.

Es mejor estar preparado para la llegada de la tristeza, el miedo, la ira. Respondamos adecuadamente ante estas fieras que nos quieren dominar.

  • Mejora tu actitud ante las críticas.

La vida está llena de afinidades, pero también de incompatibilidades. La diferencia de perspectivas conlleva críticas en ambos sentidos. Tendrás que intentar aceptarlas cuando sean realistas e ignorarlas si no tienen fundamento.

  • Expresa claramente tus sentimientos.

Procura no convertirte en una bomba de relojería que explota cuando ya no puede aguantar más. Expón tu punto de vista, di cómo te sientes, propón alguna solución. No hay necesidad de ser desagradable.

  • Acepta los errores.

Mejor todavía, asume que son necesarios para que los aprendizajes sean más significativos. Despojarlos de la carga negativa, te permitirá avanzar pero no te librará de cometerlos.

  • Fíjate metas y objetivos.

Deberán ser concretos y realistas. En general, las metas a largo plazo emanan las metas a medio plazo de las que nacerán las metas a corto plazo. Existe una clara interdependencia entre los tres tipos.

  • Entrénate en solucionar problemas.

Definir, plantear alternativas, analizar pros y contras, decidir, ejecutar y reconducir si es necesario. Aun así, consideremos la posibilidad de equivocarnos.

  • Responsabilízate de ti y de tu vida.

Todo lo que te concierne, es asunto tuyo. Se aprende experimentando.

  • Trabaja tu tolerancia a la frustración.

Toma decisiones basadas en la realidad presente. Avanza hacia adelante siempre.

  • Quiérete.

Valora tu existencia por encima de todo. Mira los problemas con perspectiva.

Te ofrecemos dar el primer paso: alcanzado el fin de tu etapa de marea baja, sal a surfear las olas más altas.

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