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Autismo y Psicoanálisis

Publicado por Betina Ganim

Retomando a Eric Laurent, pregunto, ¿qué lugar para el Autismo en el psicoanálisis?. ¿Qué clínica?

Desde un retorno a lo particular es que debemos abordar al Autismo, si es el psicoanálisis nuestra ética.

Es que durante mucho tiempo se pensó, al igual que ocurre con las psicosis, que el psicoanálisis no tiene mucho para hacer con el Autismo.

Pero este prejuicio se disipa si tenemos en cuenta la cantidad de colegas analistas que trabajan, o hemos trabajado, en distintos espacios donde las problemáticas que se pretenden exclusividad de la psiquiatría son abordadas por analistas, tales como en clínicas psiquiátricas, hospitales, centros de día, hogares de menores, cárceles, etc.

Lo cierto es que la ciencia, al pretender explicar el autismo por una base genética, al soñar con reducir la causa a una base simple, se han encontrado (gracias a la tecnología) una variante masiva de estos espectros genéticos. Entonces se le impone a los investigadores estudiar cada vez más casos, y cada vez más diferentes.

Esto es precisamente lo que nos permite, como analistas, pensar que el futuro de este espectro autista está en los autistas mismos, en los sujetos autistas.

Cuando como analistas nos enfrentamos a esta diversidad, no queda otra que apostar a la particularidad. A una invención a medida. Una solución para cada uno.

Hay una categoría del autismo que incluye a sujetos “encapsulados”. El término “autismo con encapsulamiento” define a ese sujeto sin imagen. Un sujeto que no reacciona a la imagen corporal, que en lugar de instaurar el espejo, lo especular, ha creado, como dice Laurent, una “neo-barrera”, bajo la que el sujeto se encierra. Así, podemos situar ese encapsulamiento en el cual vive el sujeto autista.

Si bien no tiene cuerpo, tiene una burbuja muy consolidada, que le permite sostenerse.

En los 90 Miller propuso releer el campo de la psicosis con los aportes lacanianos de ya no ordenar ese campo a partir del mecanismo de la Forclusión del Nombre del Padre en la estructura, sino plantear este campo bajo la problemática de un “retorno de goce”.

Esto mismo permitió ampliar el trabajo del psicoanálisis en áreas como el Autismo.

Laurent dice que en el Autismo se puede estudiar ese retorno de goce a una «neo barrera», a ese límite, a esa cápsula donde el sujeto autista se esconde, que no es más que una defensa que encierra un vacío.

Así, la experiencia clínica con estos sujetos tendrá como horizonte ampliar este borde, este límite. Muchos tratamientos verifican que este límite, esta barrera es casi corporal, algo que se maniefiesta cuando nos enfrentamos a que los sujetos autistas, en primeras etapas del tratamiento, no soportan ser tocados, por ejemplo.

El trabajo clínico será paso a paso, muy despacio para que algo se anude. Y se plantea en términos de ampliar ese borde, que esa barrera se desplace creando un espacio nuevo. Este espacio ya no es el del sujeto ni el del otro, sino un espacio nuevo donde existan intercambios y relaciones con un otro ya no amenazante, sino necesario para que ese espacio se constituya.

Este espacio puede llamarse “espacio de juego” donde sean posibles ciertas “negociaciones” con el otro, haciendo de este espacio un sitio donde “todo vale”, en el sentido de que es propio, una invención del uno por uno. No significa que sean “`pavadas” lo que se haga, sino que esta expresión apunta a que no se sabe de antemano qué es lo que vale para cada uno.

De este modo, ese “todo vale” será eso que valga por ejemplo para atraer la atención de un sujeto que hasta entonces era indiferente a todo lo que sucedí a su alrededor.

Así, estar advertidos de que el juego en estos caso implica anudar saber inconsciente con el efecto de goce que ese saber encierra.

Para concluir, Laurent nos anima a presentar y publicar estos casos para «hacernos escuchar», diciendo que no es posible que el abordaje sea la reducción del sujeto autista a sistemas de relaciones que tienen su base en el aprendizaje repetitivo de conductas, llevando a creer que solo existe esta posibilidad terapéutica, eliminando al psicoanálisis de las «ofertas» posibles para su abordaje.

La apuesta, desde el psicoanálisis en la clínica con sujetos autistas tendrá como horizonte introducir al sujeto en un espacio de juego –que nada tiene que ver con la comunicación o el aprendizaje.

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