Psicología

Tu cara me ciega

Publicado por María Gómez

Imagina que un día llegas a casa, te miras al espejo y no te reconoces. O que tu mujer o tu marido se convierten en unos rostros desconocidos con los que llevas viviendo veinte años. Parece una locura, ¿verdad? Pues no lo es tanto. Este hecho sorprendente le sucede a gente cuyo cerebro no identifica un rostro concreto, por tanto, no lo relaciona con una persona determinada. Es una agnosia visual que se conoce como prosopagnosia. No temas, pues, por la salud de tus ojos, al menos en este caso.

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No obstante, no está todo perdido. El cerebro humano es tan plástico como necesite serlo, así que se vale de otras estrategias para impedir perder la cordura. De esta manera, la persona que padece esta enfermedad cerebral tendrá que utilizar otros aspectos que le refieran de quién se trata.

Normalmente, a pesar de que esta enfermedad se produce tras una una lesión cerebral bilateral acaecida a consecuencia de un accidente cerebrovascular causado por un tumor, enfermedades neurodegenerativas o un traumatismo, existe la posibilidad de que sea congénita. También es frecuente que lleve asociados otros desórdenes vinculados con la discriminación de estímulos visuales.

La intervención profesional se centrará en entrenar al paciente en la detección e interpretación de todas las claves contextuales posibles que permitan al sujeto adaptarse lo máximo posible. Todo aquello que rodea al rostro y que forma parte de la persona que ha de ser reconocida. Por ejemplo, la forma de caminar el pelo (forma, color, textura, etc), la voz, los gestos, el estilo al vestir, algún rasgo definitorio (una mancha, lunar, tatuaje o cicatriz), el olor o la piel. Realizar ejercicios de reconocimiento y emparejamiento on fotografías de personas pertenecientes al círculo más íntimo sería otra actividad propia

Asimismo, conviene que las personas del entorno más cercano se habitúen a decir su nombre cuando estén en presencia del individuo con prosopagnosia, lo cual facilitará un reconocimiento espontáneo disminuyendo los niveles de frustración. Sin embargo, en reuniones sociales, o eventos con cierta multitud, la confusión suele ser considerable por lo que tienden a evitarlos.

La mala noticia es que no existe tratamiento para la ceguera facial, por eso es tan importante que el sujeto que la padece realice un esfuerzo para fijar su atención en otros detalles de la fisionomía corporal. Otra táctica a ejercitar tiene que ver con la discriminación auditiva de las voces pues apoyarse en ellas es una estrategia básica.

Al tratarse de una enfermedad rara, por consiguiente, poco conocida, es probable que, sobre todo en los casos congénitos, hayan personas con prosopagnosia por el mundo pululando sin siquiera saberlo, lo que dificulta un diagnóstico médico concreto. Así, estas personas suelen decir que tienen mala memoria para las caras, hasta es posible que sean consideradas como mal educadas o prepotentes cuando no reconocen a personas con las que han estado hace poco, y lo que en realidad sucede es que las conexiones cerebrales responsables de relacionar rostros y personas está debilitadas o destruidas. Precisamente, así lo relata Brad Pitt cuando hizo público que padece este trastorno.

Categorías: Psicología y Neurociencia