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Cambios: temor y crecimiento.

Publicado por María Fay

Los cambios son un factor ineludible de la vida, por más estable y continua que pretendamos que sea.

El cambio es un fenómeno intrínseco a la existencia. En la naturaleza, se observan reiteraciones y estados que se perpetúan, pero ante ellos interviene siempre el cambio: el traslado de una etapa a otra, incluso aunque formen parte de ciclos que luego se repetirán.

El cambio nos enfrenta inicialmente a lo desconocido, y por eso en muchos casos infunde temor.

Lo desconocido implica un salto hacia el vacío, un enfrentamiento ante la incertidumbre y una apuesta.
La seguridad absoluta es imposible y, lo busquemos o no, el cambio siempre nos va a encontrar.

Muchas veces somos quienes lo buscamos activamente. Hay muchas personas que demandan cambios constantemente porque la quietud y la estabilidad se transforman en insoportables.

Otras veces el objetivo es impedir el cambio, estableciendo pautas y contextos que se respetan y sostienen de manera intransigente. Intentando convencernos de ese modo de que controlamos lo que nos pasa.

Sin embargo, el cambio es el elemento necesario para desarrollarnos. No existe modo alguno de crecer quedándonos quietos, en el mismo lugar.

El cambio, para ser motor de crecimiento, debe ir acompañado de cierta estabilidad, porque un cambio tras otro buscado como en un frenesí no nos permite aprender, asentar y observar lo que ese cambio ha hecho posible.
De modo que podríamos decir, que no existe el cambio sin estabilidad. Son estados opuestos que se resinifican mutuamente.

Existen cambios que acontecen por el paso del tiempo, o situaciones externas, y cambios que se buscan de manera activa y dirigida. Cada cambio nos enfrenta a una oportunidad de redirigir lo que nos viene aconteciendo hasta entonces.

El temor asociado al cambio es comprensible. La incertidumbre siempre será motivo de angustia. La falta de respuesta o falta de nombramiento ante lo desconocido nos deja en penumbras, sin saber a que atenernos o como comenzar. Por eso el ser humano ha intentado dar respuestas a todo lo que no conoce. Investigarlo, estudiarlo, pensarlo, y formar una historia que de una respuesta y cubra ese vacío.

Pero sin la incertidumbre el desarrollo y la evolución es imposible.
El deseo, motor del cambio y del avance por excelencia, necesita de la falta, del vacío, de lo que no puede asirse y dominarse. Si accediéramos a todo fácilmente, el deseo no existiría y no tendríamos una motivación para seguir viviendo.

El cambio permite la transformación. Las nuevas experiencias son formas de redefinir nuestra realidad, nos muestran otras realidades, ampliando muestra visión y posibilidad de elección.
Atreverse al cambio, a la incertidumbre, es el motivo por el cual nos acercamos lo mas posible a la idea de libertad, si es que existe de algún modo.

Vivir aferrados a los modos conocidos y al contexto que siempre nos ha rodeado, impide que podamos elegir nuestro camino libremente, simplemente porque no conocemos nada más.
El cambio, es entonces, siempre una gran oportunidad. De elegir otras opciones o, aún incluso, de revalorizar las que ya tenemos.

 

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