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¿Cómo manejar la frustración?

Publicado por Lic. Maria V.

En la época que estamos viviendo no es en absoluto extraño que nos encontremos con mayor frustración y enojo. Y si, todo lo que esperábamos que suceda no está sucediendo. Todo lo que proyectábamos se ha visto modificado, atravesado por la pandemia, desarmado. 

La desazón y el dolor que genera que se desarmen nuestros proyectos, de manera tan extrema y radical como está aconteciendo, es la gran cuestión con la que tenemos que lidiar cotidianamente.

Estamos duelando, la pérdida de nuestra vida como creíamos que sería al día de hoy, la caída de expectativas, de ilusiones, la lejanía de seres queridos. La frustración en este marco es una respuesta absolutamente entendible.

La frustración implica justamente la caída de las expectativas, Es la realidad traicionando nuestro ideal, invitándonos a aprender una y otra vez que las cosas no ocurrieron exactamente como lo planeamos. Y esta pandemia es el exponente más fuerte hasta el momento de esta desazón.

El punto está, entonces, en entender primeramente, que estemos frustrados y enojados. Pretender, en el contexto presente, estar activos, felices, creativos, de manera constante, no es una posibilidad. Es una presión más del sistema que impulsa a la constante felicidad, «sin bajas», sin caídas. Esto dificulta nuestra forma de apreciar lo que nos pasa, nos juzgamos por no poder, nos enojamos más aún por estar tristes, o frustrados, o enojados. Y esto recrudece la situación.

La frustración es uno de los afectos por excelencia en estos momentos, y el primer paso es aceptarla. La autocompasión si quiere llamarse así, o el modo mediante el cual podamos aceptar lo que nos pasa en el contexto que atravesamos. Ser un poco más comprensivos con nuestro psiquismo, que tiene un duro reto por atravesar.

Así, digamos que la frustración, más que ser manejada, necesita ser aceptada, contenida, para luego poder ser atravesada. Llegar al otro lado, mediante los múltiples recursos resilientes que tenemos, aunque a veces no lo sepamos.

Transitar este momento de múltiples pérdidas tiene más que ver, metafóricamente, con surfear una ola. Una ola enorme que parece no romper nunca, que está, que permanece sostenida en el tiempo. No la podemos negar, miremos donde miremos allí esta, y tenemos la opcion de estar debajo, languideciendo, o atreviéndonos, siempre que nuestro psiquismo lo permita, a surfearla. Para eso, tenemos que aceptarla, amoldarnos a sus tiempos, e intentar transitar por este viaje del mejor modo posible.

Para esto siempre es necesario un otro. Como dice la frase tan popularizada últimamente: Nadie se salva solo. Y para eso es necesario recurrir a los afectos. A distancia, como se pueda.

Estar en contacto, atrevernos a decir lo que realmente nos pasa, en lugar de expresar solamente momentos felices o hazañas domésticas. Vincularnos afectivamente, como siempre, es la condición para sobrellevar cualquier situación difícil.

El psiquismo ha sido creado en un vínculo con otro, y a partir de allí, lo vincular se transforma en esencial. Más aún en momentos como este.

La frustración nos golpea y a la vez nos muestra que estamos vivos, que tenemos ilusiones y proyectos, que esperamos, creamos, que tenemos expectativas. Y este es el momento para poder aceptar, redireccionar, y confiar.

 

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