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Frustración, ¿por qué ocurre?

Publicado por Lic. Maria V.

Para entender la frustración primero tenemos que saber que es inevitable. La única respuesta que nos permite manejarla es poder tolerarla, en mayor o en menor medida, y poder equilibrar las expectativas y el esfuerzo que invertimos en lo que hacemos.

Si las expectativas son muy altas, pero hay poco trabajo, responsabilidad o compromiso, sin duda habrá frustración. Idealizar las consecuencias es uno de los factores más frecuentes que llevan a la frustración recurrente. Hay demasiada expectativa puesta en el futuro, al cual, no podemos controlar. De modo que manejar la frustración tiene mucho que ver con aceptar aquello que escapa a nuestro control.

Siendo niños y niñas vamos gradualmente aprendiendo que la realidad no obedece a nuestras demandas. Este es un interjuego que debe posibilitar la madre o el/la cuidador/a principal.

Si la madre está siempre anticipando las demandas del niño o niña, no hay espacio para la frustración ni tampoco para el pedido. La frustración se aprende a tolerar gradualmente en la medida en que quien está a cargo de los cuidados pueda ir anteponiendo una distancia, la Desilusión en términos de Winnicott, para que el/la bebé acepte que la realidad no se acomoda a sus necesidades, ayudando a abandonar gradualmente la omnipotencia.

Este es un tema complejo y que sólo mencionaré a grandes rasgos. Es importante recalcar que esa desilusión debe ser gradual y en consonancia con el crecimiento del bebé y el incremento de su nivel de tolerancia.

Según Winnicott la desilusión es esperable que ocurra pero sólo con posterioridad a la Ilusión, durante la cual quien esté a cargo del cuidado debe estar a disposición del infante, esencialmente en los primeros momentos de vida, cuando la dependencia es absoluta.

Si un niño/a crece recibiendo todo lo que pide, a veces incluso antes de pedirlo, esto dificulta enormemente el desarrollo de su tolerancia a la frustración. Y probablemente le implique dificultades posteriormente.

Desde la crianza, hay que poder contener y acompañar en momentos de frustración, ayudando a comprender que eso es algo que eventualmente va a ocurrir y brindando herramientas para poder sobrellevarla.

En la vida adulta la frustración se presenta irremediablemente. A veces tenemos la esperanza de que ocurra tal o cual cosa, y no sale como lo planeábamos: Confiamos en quien nos desilusiona, invertimos tiempo y dinero en emprendimientos que no prosperan, proyectamos una vida junto a una pareja y termina en separación. La vida misma nos presenta constantemente frustraciones. Sin embargo, es importante poder aceptar que no manejamos las consecuencias e incluso que esos cambios muchas veces son necesarios y son los que nos permiten reconducirnos hacia otro lugar y replantearnos lo que realmente queremos.

Las frustraciones, entonces, ocurren precisamente porque la realidad y el mundo no responden invariable y necesariamente a nuestras demandas. Habrá momentos en que lo esperado sucederá y otros en los que no, y es parte de vivir poder atravesar ambas instancias.

Tolerar la frustración es sumamente importante para poder crecer, desarrollarnos, o aceptar el fin de una etapa y el comienzo de otra. Es lo que permite aceptar y vivir los procesos, el paso a paso de cada proyecto, en lugar de esperar el resultado mágicamente. 

A veces por evitar la frustración evitamos apostar por lo que queremos, asumir riesgos, emprender o construir proyectos. No podemos evitar la frustración permanentemente.  Aprender a convivir con ella ayudará a que sus impactos sean menos arrasadores, y que, en lugar de destruirnos nos aporte información útil para intentarlo la próxima vez.