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Consumo de alcohol durante la cuarentena.

Publicado por Lic. Maria V.

Dentro de los muchos rasgos y comportamientos que suelen exacerbarse en situaciones de confinamiento como el que transitamos actualmente, el consumo de alcohol es sin duda uno de los más frecuentes. Decimos, consumo o aumento del consumo en esta circunstancia en particular.

El alcohol produce un efecto de adormecimiento del dolor psíquico y, a la vez, de desinhibición, que puede ser buscado con el fin de anular o disminuir las ansiedades, angustias y miedos propios de esta crisis. Esto, agregado al confinamiento, y, en muchos casos, a la flexibilidad de horarios, produce una tendencia al consumo diario, o más frecuente de lo que se consumía en la rutina previa de la persona.

El alcohol puede ocupar el lugar del famoso escape frente al aburrimiento, la soledad, o los efectos del distanciamiento físico, siendo un recurso de obturación que busca el sujeto para llenar un vacío. El alcohol puede transformarse rápidamente en un compañero sustituto, llegando a ser necesario e indispensable en momentos del día en que previamente no lo era. Va paulatinamente ocupando espacios, sin que se registre en que momento en particular fue invadiendo tantos terrenos.

Por este motivo, es importante concientizar. El consumo excesivo de alcohol genera un círculo vicioso que trae consecuencias en todas las áreas del individuo. El cansancio posterior, los efectos en el estado de ánimo, la desorganización, los cambios de humor, son parte de un circuito que de ser continuado dificulta su corte o finalización.

La angustia que la persona busca aliviar momentáneamente con el consumo de alcohol, vuelve al día siguiente, acrecentada por los rasgos descritos anteriormente, motivo que  impulsa a querer consumir nuevamente. De esta manera, el circuito de retroalimentación se continúa, con cada vez menos posibilidad de cambio.

El consumo de alcohol obedece a la pretensión del sujeto de un paliativo o un estimulante, que mejoraría el ánimo y ayudaría en la relajación. Pero, como sabemos, en el caso de todo tipo de consumo de sustancias, el efecto no solamente es contraproducente sino que también es pasajero, teniendo que lidiar con las consecuencias negativas al poco tiempo.

Es importante tener presente que en el estado actual el cuidado de la salud global es fundamental. El consumo excesivo de alcohol, además de sus efectos directos en el deterioro del organismo, debilita el sistema inmune, y altera la estabilidad emocional, afectando la salud mental y repercutiendo en el estado general del individuo.

Desde el punto de vista psicológico, cognitivo y motivacional, muchas de las actividades previstas comienzan a desplazarse, se encuentra dificultad en la atención y la concentración, se afecta el cuidado físico y la higiene personal, y puede inducir a estados depresivos o apáticos, que promueven que el círculo autodestructivo vuelva a comenzar. Es frecuente que la persona no registre la transición hacia un consumo excesivo, manteniendo la creencia de que no es demasiado lo que consume y que está dentro de su control.

Es fundamental que durante este período, se mantenga el contacto con personas allegadas, para mitigar los efectos de la angustia y el aislamiento.

Si las personas del entorno cercano observan una problemática con el consumo en este tiempo, es fundamental que intervengan haciéndole notar al individuo esto que observan, y ayudándolo a buscar una consulta psicológica.

 

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