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Regresión infantil durante la cuarentena.

Publicado por Lic. Maria V.

Es muy frecuente escuchar durante este período de cuarentena, que muchos niños comienzan a presentar conductas correspondientes a etapas anteriores.

De esta manera, se manifiesta un retroceso respecto de áreas que estaba ya conquistadas: Vuelven a dormir con los padres, a hacerse pis en la cama, chuparse el dedo, sentir miedo ante situaciones que previamente no lo causaban, rabietas más a menudo, reacciones de angustia o enojo ante límites que previamente eran aceptados, entre otras.

La regresión es un mecanismo de defensa, esto significa que es un recurso que se uitliza inconcientemente para defendernos de situaciones de vulnerabilidad y estrés. No es exclusivo de los niños, los adultos también pueden experimentar mecanismos regresivos en distintos momentos de la vida.

El mecanismo de regresión nos transporta a una etapa previa, más infantil, y de un momento del desarrollo más primitivo, porque esto nos hace sentir en terreno más seguro.

Crecer implica la pérdida de cierta seguridad, el abandono de formas previas para darle paso a lo nuevo. 

Cuando lo nuevo resulta ser desbordante para el psiquismo, este puede optar por volver atrás. A una posición en la que requiera de mayores cuidados y atención por parte del entorno.

No es extraño que el confinamiento genere este tipo de respuestas. Los niños particularmente están viviendo una situación inédita, nueva y compleja, que es contraria en gran medida a sus necesidades exploratorias y sociales. Los mecanismos regresivos los protegen de la ansiedad y de la angustia que genera este contexto de incertidumbre.

El encierro, y, por ende, la pérdida del contacto social en otros espacios y con otros niños, terrenos que servían para desarrollar la seguridad y la independencia infantil, se han perdido. Y esto produce temor, frustración y desconcierto.

Además de la angustia por estas pérdidas, y por la distancia de personas que solían ser cotidianas en el trato con el niño (como abuelos y abuelas, tíos, tías, niñeras), está la angustia que experimenta frente a la angustia de los padres, que, por supuesto, les llega por más que los adultos intenten disimularlo.

Este panorama genera un contexto global que repercute en este tipo de mecanismos defensivos. Los niños no tienen a disposición los mismos recursos que los adultos, y sus formas de expresar sus emociones aparecen en este tipo de conductas, y en los juegos y dibujos…

Es fundamental estar atentos a estas regresiones, tener en cuenta que son pasajeras y que se corresponden con el momento actual, pero al mismo tiempo estar presentes para acompañar al niño, no retarlo ni pretender que se resuelva rápidamente. Ser empáticos, porque esta es su forma de manifestar que necesita de cuidado y protección.

Hablar con los niños, tranquilizarlos sobre la situación, ayudarlos a poner en palabras o a expresar por vías creativas lo que están sintiendo es una muy buena herramienta para aliviar las tensiones y brindarles un espacio seguro de contención.

Fomentar el vínculo con compañeros, amigos y familiares es también una manera de ayudarlos a transitar esta etapa de distanciamiento de la mejor manera.

Este es un período en el que muchas reglas familiares tienen que ser revisadas, y cocreadas, en función de las necesidades y las vivencias de cada uno de los miembros.

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