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El Ego y la competencia.

Publicado por Lic. Maria V.

El Ego es el espacio de la Conciencia. Es análogo al Yo, una instancia que emprende acciones, reflexiona y racionaliza.

El Ego, en lugar de «quienes somos» representa aquello que «creemos que somos», está formado por todo aquello que registramos de los discursos, aprendizajes, vivencias que transitamos a lo largo de la vida.

Cuanto más podamos procesar y concientizar nuestros propios asuntos, y aspectos subconscientes e inconscientes, tanto más el Ego ampliará su estado de conciencia, permitiéndonos mayores libertades para elegir y decidir sobre nuestra vida.

Pero cuando el Ego no ha concientizado muchos de estos aspectos de nuestra historia, suele sentirse atacado con facilidad y reaccionar defensivamente. ¿Por qué? porque el Ego busca protegerse, ha erigido defensas desde edades tempranas ante angustias y sucesos que percibía como peligro.

Por lo general, perpetuamos estos modos defensivos a lo largo de la vida, sin tener registro de que lo hacemos. Solemos reaccionar impulsivamente ante situaciones que nos producen miedo y que, de algún modo, son representativas de situaciones semejantes desarrolladas en la infancia.

El ego moviliza conductas y se guía por ideas, emociones y creencias que, de no ser registradas, analizadas o trabajadas, constituyen patrones que se repiten una y otra vez.

Muchas de estas ideas y emociones surgen en la infancia, en ámbitos de crianza donde eso es lo que aprendimos en la interacción con nuestros cuidadores. Nuestros cuidadores también están atravesados por sus propias situaciones traumáticas, y cuanto menos acceso tengan ellos a estos contenidos, más fácilmente se transmitirán a su descendencia sin intermedios ni reflexiones, y menos disponibles emocionalmente estarán para contener.

Las comparaciones y la competencia con otros son un indicio de que el ego se siente amenazado. Estos sistemas se activan para sostener o reforzar ideas sobre uno mismo: «no soy lo suficientemente bueno, los otros logran y progresan mucho más que yo, los otros tienen mejores posibilidades que yo, no voy a lograr nada de lo que me propongo, no tengo ningún talento, etc.» O ideas contrarias: «yo soy mejor que todos ellos, puedo vencerlos, ellos no son nada comparados conmigo». Ambas son las dos caras de una misma moneda.

Este tipo de discursos sobre uno mismo refleja el trasfondo de la autoestima, y la inseguridad y temor que se encuentra en su raíz.

Por eso es importante trabajar en concientizar situaciones pasadas que han cristalizado en este tipo de ideas que nos acompañan sin que podamos incluso cuestionarlas. 

Muchos utilizan la competencia como modo de desarrollarse, sienten el desafío de superar a otros. Esto es intrínseco a la naturaleza, los animales compiten por sobrevivir, compiten por evolucionar.

Como seres humanos podemos corrernos de estos patrones, tenemos la capacidad de reflexionar, y de elegir. Los logros basados en la simple comparación y competencia están desconectados del recorrido propio. Es un camino que sigue a otros, que busca constantemente el reconocimiento externo y mantener la propia integridad por medio de la anulación o destrucción del otro.

Concientizar las instancias que llevaron a este tipo de inseguridades permiten posicionarnos desde otro lugar. Nos ayuda a valorar lo propio verdaderamente, pudiendo resolver las heridas dejadas por traumas pasados y entendiendo que no nos definen, no nos condenan.

Siempre que podamos verlo, podremos corrernos de esta dinámica en las que nos ubicamos en guerra con el otro, es el ego vs. el otro. Todo lo exterior y lo diferente lo percibimos de modo amenazante porque somos cautivos de nuestras vivencias pasadas. Vivencias infantiles que nos impulsan a buscar protección erigiendo corazas defensivas.

Volvemos una vez más a la importancia del trabajo sobre uno mismo, que nos permite revisar nuestra historia, poner en palabras, y posibilitar cambios.

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