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El robo en la infancia.

Publicado por María Fay

Donald Winnicott, en Deprivación y Delincuencia, describe el proceso psíquico por el que transitan aquellos niño/as con conductas disruptivas.

Desde la visión psicoanalítica, muchos de estos cuadros se configuran como base de conductas adictivas.

Desde el punto de vista del desarrollo Winnicott describe lo que él denomina la Deprivación. Esto implica la pérdida de las personas a las que el Infans o niño/a amó.

Esto no implica necesariamente la pérdida física de ese sujeto significativo, sino que se refiere a perder algo bueno en la experiencia de ese niño/a hasta el momento en el vínculo con ese otro/a.

La Deprivación se distingue de la Privación, en la cual el Infans no ha podido constituir una experiencia buena con esa madre o figura de cuidado.

En la Deprivación lo que se describe es la pérdida de algo que sí se había conseguido instalar en un primer momento, pero que por algún motivo se perdió.

Esta circunstancia puede deberse a alguna enfermedad o estado depresivo de la madre, o a alguna situación que impida el desarrollo de ese vínculo adecuadamente y  tal como venía sosteniéndose hasta entonces.

Algunos de estos casos pueden devenir posteriormente en un impulso del niño/a a robar.

Mediante este acto, siempre refiriéndonos a casos con este desarrollo subjetivo, aquel que roba no busca el objeto como tal, sino a ese vínculo que ha perdido.

Este impulso a robar se desarrolla a modo de una compulsión, y se observa que aquel que lo perpetúa no disfruta de lo robado, solo se circunscribe al acto mismo de sustraerlo al otro.

Buscando no cualquier objeto, sino algo que sea realmente preciado para ese otro.

En estos actos disruptivos, el individuo considera que eso le corresponde, por eso no hay un desarrollo de culpa.

El individuo exige a su entorno le devuelvan lo que le han sacado.

Y esto se debe a que inicialmente, en esa relación madre-bebé, el infans tiene la ilusión de ser el creador del pecho materno. Esto es porque en este estadio temprano, el infans no tiene conciencia de alteridad, no está instalada la diferenciación yo-no yo.

Durante el amamantamiento, que es la situación donde se posibilitaría la conexión y el vínculo por excelencia entre la madre y el bebe, el infans percibe que esas experiencias de satisfacción son creadas por él, y la madre debe mostrarse disponible para sostener inicialmente esta ilusión.

Así debería desarrollarse el proceso saludablemente:

un primer momento de ilusión, donde el bebe crea el pecho y a la madre misma y extrae objetos de esa madre.

Y un segundo momento, de desilusión, donde la madre debe retirarse paulatinamente, permitiendo que el bebé perciba y aprenda de la frustración.

Este último proceso debe hacerse de modo paulatino y no de manera brusca.

La madre suficientemente buena, como expresa Winnicott, debe realizarlo en una ida y vuelta: estando presente y manteniendo el sostén, pero a la vez, permitiendo una relativa frustración que le posibilite al niño constituirse en su diferencia y tolerar gradualmente la espera.

En los casos que estamos mencionando aquí, ha habido una brusca interrupción del estadio de Ilusión antes descripto.

Y por esto mismo, el niño se desarrolla psíquicamente con la sensación de haber sufrido una deprivación: el robo de algo preciado para él.

Esto lo intentará recuperar por medio de sus propias conductas delictivas.

El robo es una de ellas, pero las conductas pueden abarcar también cualquier tipo de vandalismo y/o daño perpetuado a otros.

Así, el niño/a deprivado/a está constantemente poniendo a prueba: a la familia, a la comunidad, a las instituciones.

Busca mediante estas conductas mostrar lo que le ha pasado.

Es importante reconocer estas conductas delictivas en la infancia para poder trabajar sobre ellas, consultar con un profesional y evitar que se intensifiquen en la adolescencia o la adultez, trayendo aparejadas, como se dijo anteriormente, posibles conductas adictivas que compliquen el cuadro.

 

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