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Inspiración y apertura al cambio.

Publicado por Lic. Maria V.

En el artículo anterior hablamos de la resistencia al cambio, y de cómo la creatividad nos puede ayudar a cambiar.

Una actitud creativa nos posiciona en el lugar de percibir sin prejuicios, estando disponibles a que advenga lo que tenga que advenir, pudiendo recibirlo con asombro y flexibilidad.

La inspiración posibilita esa actitud creativa en tanto nos vincula con aquello que moviliza la pasión y la motivación. No a todas las personas nos inspiran las mismas cosas, y por eso es fundamental explorar qué constituye una fuente de inspiración personal.

Para poder saber qué nos inspira basta observar aquélla sensación emocional que se despierta luego de haber percibido determinado estímulo. Lo que inspira es aquello que moviliza ideas, que nos llena de energía y de ganas de probar y experimentar algo.

Sin embargo, la inspiración puede movilizar a la actividad o no hacerlo. Puede también generar una sensación placentera de receptividad y apertura a nuevos estímulos, o de reflexión e introspección.

Pero en uno u otro caso se experimenta una sensación en el cuerpo, en las ideas, se transforma o se moviliza la manera en la que percibimos, surgiendo a partir de ahí nuevas conexiones.

Se puede encontrar inspiración en terrenos muy diversos, dependiendo de la persona y sus intereses: un paisaje de la naturaleza, un libro, una película, una obra de arte, una imagen cotidiana con la luz filtrándose de una manera particular, una sensación táctil, un aroma, una canción, un baile… Son infinitas las fuentes de inspiración, y lo que las transforma en tales es más bien la posición de quien las recibe.

Podemos estar rodeados de estímulos maravillosos, pero no poder apreciarlos. La disponibilidad y la actitud creativa son las que posibilitan esa apreciación.

En el día a día y con los ritmos laborales y familiares, muchas veces resulta difícil conectar con esto. La creatividad se encuentra bloqueada y las responsabilidades anulan la oportunidad de contemplar sensorialmente.

Por eso, el primer paso es poder tomar un descanso de dichas responsabilidades y disponerse a la observación y a la exploración.

Explorar qué nos inspira es un paso indispensable para luego poder propiciar un día a día que garantice en cierta medida la conexión con esas fuentes de inspiración.

La exploración se debe llevar a cabo de manera libre, a partir de aquello que adviene espontáneamente: puede ser desde explorar cocinando, recorriendo nuevos lugares en bicicleta, sacando fotos, escuchando música que hacía mucho no escuchábamos, bailando o cantando, dibujando o pintando libremente, viendo alguna película… Darse tiempo para esto es un paso irremplazable.

Si nuestro interés se orienta a un área determinada, es también interesante explorar en otras áreas, que van a enriquecer nuestra perspectiva.

Estar en contacto con lo que inspira nos ayuda a desplegar nuestra creatividad cotidianamente, y nos ubica en apertura al cambio. Lo creativo es, por definición, transformador.

Cuantos más recursos creativos incorporemos en la cotidianeidad, mayor será nuestra capacidad de cambiar o de percibir de manera diversa lo que nos sucede. Se amplían las posibilidades y alternativas.

La inspiración debe ser habilitada para experimentarse, es una puerta que nos conecta directamente con el desarrollo creativo, con el cambio y la transformación.

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