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Invocación y casamiento

Publicado por Betina Ganim


Tenemos esas dos frases que Lacan toma en el Seminario 5, «Las formaciones del inconsciente», respecto de la invocación, la invocación al Otro. «Tú eres mi amo», y «Tú eres mi mujer»

Recordemos que el chiste y la psicosis se vinculan en este seminario, por la cuestión de la invocación.

El chiste entra dentro de lo que podríamos decir que invocar a un Otro, con esa fuerza con que uno busca a alguien cuando está con esas ganas de contar un chiste. Y si esto funciona, es por LA SATISFACCIÓN que produce un reconocimiento del deseo como tal, más allá de la demanda.

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Pero Lacan, más allá del chiste, estudia la cuestión de esa invocación misma. El modo en que usamos la palabra para dirigirnos a un Otro, para interpelarlo.

Ese «tú» es el llamado al Otro: TU ERES MI AMO y TU ERES MI MUJER: una invocación que busca este compromiso con el Otro.

Es como decir:» te invoco, apelo a tí para que entres en la vía de ese deseo sin preguntar nada, de una manera incondicional…» Por eso este tema toca ese punto de entrega.

De este modo, podemos situar la invocación en la declaración de amor misma.

Por supuesto que también podemos decir que en el análisis, en la experiencia analítica está en juego esto también. Apelar al deseo más allá de la demanda, invocando al Otro a comprometerse, sin condiciones.

Este tema de la invocación sirve también a la introducción de la clase IX de dicho Seminario de Lacan. Y si retomo justamente este punto de la clase anterior es porque es exactamente ese punto de invocación que supone un acto en su constitución: SE TRATA DE UNA INVOCACIÓN QUE ES METAFÓRICA. Y quedará así discutido como metáfora paterna.

Pero me gustaría quedarme en esta frase «Tú eres mi mujer».

En su Curso «Sutilezas analíticas», Jacques-Alain Miller comenta que detrás de esa frase tenemos el matrimonio como institución: el casamiento. Sabemos que para que este acto se lleve a cabo, es necesaria una palabra: «Sí». También es imprescindible la firma, la escritura en el papel. También y fundamental: el cuerpo, estar presentes en ese acto -salvo algunas excepciones que podrían darse…pero en general se trata de un acto que tiene sus condiciones, más allá de la época y la cultura que sea.

De ese dicho depende luego todo tipo de consecuencias: jurídicas, económicas, subjetivas…Porque de ese Sí uno no puede desdecirse, no puede decir «era un chiste, una broma, no sabía qué estaba haciendo…!» y desdecirse de ese acto. Claro que se puede deshacer con un trámite jurídico o lo que sea, pero una vez dicho ese Sí, es verdad.

Miller, haciendo una exhaustiva investigación sobre derecho canónico, habla del sacramento, de lo que es un sacramento. El sacramento no es más que una «mojiganga», un semblante, un montaje ficciones de elementos imaginarios y simbólicos. Aun así, según lo contempla el derecho canónico, tiene efectos reales e irreversibles. De ahí que Lacan considere al sacramento como la esencia de la religión.

FUENTE: Lacan, J. Seminario 5, Las formaciones del inconsciente. Ed. Paidós
Miller, J-A. «Sutilezas analíticas» Ed. Paidós

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